Cuando la Peque Pareto se transformó en Gigante del deporte argentino
Paula Pareto, una de las mejores exponentes de la historia, se consagró como judoca hace diez años, cuando alcanzó la medalla de oro en la división hasta los 48 kilos, en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016. Un legado de superación, perseverancia y ejemplo.
El día que la Peque se transformó en gigante de Río de Janeiro y América. Paula Pareto, una de las mejores deportistas de la historia en la Argentina, consiguió ese 6 de agosto de 2016 la medalla de oro en judo femenino en la división hasta 48 kilogramos.

Para esos Juegos Olímpicos, la judoca bonaerense, en aquel momento con 30 años, ya era una reconocida exponente en la disciplina. De hecho, en Beijing 2008, la oriunda de San Fernando se había subido al tercer escalón del podio.

Luego, en Londres 2012, un mal cruce y una eliminación prematura representó un quinto puesto en la cita británica.

Pero cuatro años más tarde, la Peque estaba más que enchufada para hacer historia. Porque el Campeonato Mundial obtenido en Astaná (Kazajstán) en 2015 oficiaba como un excelente antecedente. Y así ocurrió.

Pareto arrancó con victoria por ippon sobre la rusa Irina Dolgova para avanzar a los cuartos de final. Y logró una ajustada victoria en los números (1-0) frente a la húngara Eva Csernoviczki para meterse en semifinales.

Ya en la semi, la argentina superó a la japonesa Ami Kondo por wazari y abrazó su primera final olímpica.

En la definición por la corona, la Peque no le dio opciones a la surcoreana Jeong-Bo Kyeong y se consagró campeona. Se transformó en la primera deportista mujer que consiguió una medalla de oro para la Argentina metiéndose así entre las leyendas del deporte nacional.
La medalla derivó en que el Comité Olímpico Argentino (COA) le otorgara el visto bueno para que porte la bandera celeste y blanca en la Ceremonia de Clausura en Río de Janeiro 2016.

Cinco años más tarde, en los JJ.00 de Tokio 2020 (que se realizaron en 2021, en realidad, a causa de la pandemia), la judoca argentina logró un séptimo puesto, aunque el dato saliente estribó en el hecho de que llevó la bandera olímpica en representación del continente americano.
Ya retirada de la actividad y abocada de lleno a su labor como traumatóloga en el Hospital Central de San Isidro, Paula también destina parte de su tiempo a ofrecer clínicas y charlas para los jóvenes deportistas.





