Nicolás Traut y Franco Riva: los sueños que nunca se abandonaron y hoy encuentran su lugar en el TC2000
Los pilotos que representarán a Geely Proracing en el desembarco de la automotriz china en la categoría llegaron a esta oportunidad después de años de esfuerzo, dificultades económicas y perseverancia. Dos historias atravesadas por la pasión, carreras y la emoción de convertirse en pilotos oficiales cuando el camino parecía demasiado difícil.

Hay sueños que no entienden de calendarios, presupuestos ni edades. Que sobreviven a las frustraciones, a las carreras que no pudieron disputarse y a las oportunidades que parecían reservadas para otros. Anhelos que acompañan desde la infancia, cuando detrás de un alambrado se observa pasar un auto de competición y se imagina, casi como una fantasía, que algún día será uno mismo quien esté detrás del volante.
Nicolás Traut y Franco Riva conocen demasiado bien ese recorrido, donde ambos atravesaron diferentes etapas del automovilismo argentino, aprendieron a convivir con las limitaciones económicas y encontraron en la perseverancia una manera de mantenerse cerca de aquello que siempre quisieron hacer. Hoy, sus historias confluyen en un mismo proyecto: representar oficialmente a Geely junto al equipo Proracing en el TC2000.
La presentación del Geely Icon, el SUV con el que la automotriz china desembarcará en la categoría, significó mucho más que el anuncio de una nueva marca. Para sus pilotos representó la posibilidad de mirar hacia atrás, reconocer todo lo recorrido y descubrir que aquellos sacrificios también podían encontrar una recompensa.

Durante el lanzamiento, en diálogo con DeporTV, ambos dejaron al descubierto una dimensión del deporte que muchas veces permanece lejos de los circuitos: la del esfuerzo cotidiano, el trabajo para reunir los recursos necesarios y la incertidumbre de no saber si habrá una próxima carrera.
Porque antes de convertirse en pilotos oficiales, los dos fueron, fundamentalmente, pilotos que nunca dejaron de intentarlo.
NICOLAS TRAUT: PERSEVERANCIA DE QUIEN APRENDIO A ESPERAR
A los 49 años, Nicolás Traut sabe que el tiempo ocupa un lugar diferente en el automovilismo. El piloto de Las Flores, provincia de Buenos Aires, lleva casi tres décadas y media vinculado a las competencias y construyó una trayectoria entre categorías de turismo, proyectos propios y una permanente búsqueda de continuidad.
Su recorrido nunca estuvo acompañado por grandes facilidades económicas. Desde sus primeros pasos debió encontrar la manera de sostener una actividad que exige recursos, preparación y dedicación constante. Su padre, que también había estado relacionado con el automovilismo, le advirtió desde temprano sobre las dificultades que encontraría. Pero “Nico” decidió insistir.
"Si no tenés pasión, no se puede lograr. Son muchos años de esfuerzo. Vengo de bajos recursos y no ha sido fácil mi campaña, pero siempre dije que no hay que bajar los brazos", aseguró, todavía emocionado por la oportunidad que acaba de presentarse.
Esa manera de entender su carrera quedó reflejada en una frase que compartió al regresar del taller, después de cargar el nuevo Geely Icon con el que comenzarán a trabajar: "El que abandona no tiene premio".
"En mis comienzos no tenía nada. Era como todo imposible. No tenía nada claro para poder hacer automovilismo, pero era lo que me gustaba. Hasta mi viejo me decía que era muy difícil este camino porque necesitaba muchos recursos y mucha dedicación", recordó.

La llegada de Geely también tiene algo de construcción personal. Traut mantenía una relación con representantes de la marca en Argentina y, cuando comenzaron las conversaciones sobre su desembarco comercial, les propuso llevar uno de sus vehículos a la competición. Entendía que el TC2000, históricamente asociado con la evolución tecnológica del automóvil, podía ofrecer el escenario adecuado.
Las gestiones comenzaron en marzo y durante mayo avanzaron los preparativos para transformar aquella idea en un proyecto deportivo.
"Tal vez podría decir que me llegó diez años tarde, pero las cosas pasan por algo. Capaz que hoy tengo mucha más sabiduría y mucha más tranquilidad en muchos aspectos de mi vida, y eso lo traslado cuando me siento arriba del auto de carrera", reflexionó.
Lejos de considerar su edad como un impedimento, Traut asegura que mantiene una preparación física exigente, entrena constantemente y todavía encuentra en la conducción la misma motivación de sus primeros años.
Su experiencia también encontró una recompensa deportiva reciente: el 10 de octubre consiguió en Toay su primera pole position en el TC2000, en su presentación número 98 dentro de la categoría. Una conquista que llegó después de años de espera y confirmó que todavía podía ser protagonista en la pista.
Franco Riva: del niño que admiraba a los pilotos oficiales al hombre que lloró por convertirse en uno
Franco Riva creció en Gualeguaychú, Entre Ríos, dentro de una familia vinculada al automovilismo. Desde pequeño, asistir a las carreras significaba mucho más que disfrutar de un espectáculo. Era la posibilidad de observar de cerca a aquellos pilotos que representaban a las grandes marcas y ocupaban un lugar que imaginaba inalcanzable.
"Iba a las carreras de TC2000 y veía a los pilotos oficiales. Era el sueño. Yo decía: 'Quiero hacer eso'", recordó en diálogo con DeporTV.
El camino, sin embargo, estuvo lejos de ser sencillo. Durante buena parte de su trayectoria debió sostener estructuras propias, enfrentar dificultades presupuestarias y alejarse de determinadas competencias cuando los recursos dejaron de alcanzar.
"Me ha costado mucho estar acá. Todos saben que es un deporte donde se requiere mucho dinero. Me ha costado mucho del lado de los recursos y las veces que he tenido la oportunidad, últimamente las he aprovechado al máximo. Creo que eso fue lo que me llevó hasta acá", explicó.
La temporada 2026 había comenzado con una demostración de que todavía tenía mucho para ofrecer. En marzo, al volante de un Chevrolet Cruze del Pro Racing, ganó la competencia inaugural del TC2000 en el Callejero de Buenos Aires, en su regreso a la categoría después de un período de ausencia por cuestiones presupuestarias.
Aquella victoria, conseguida delante de una multitud y después de resistir la presión de sus rivales, fue la primera de su trayectoria en el TC2000. Más tarde sumó otro podio en Salta y se mantuvo en la pelea por el campeonato hasta que circunstancias ajenas al rendimiento deportivo lo obligaron a interrumpir su participación.
Pero el automovilismo, que tantas veces le había cerrado puertas, esta vez tenía preparada una nueva oportunidad.
Con la confirmación de Geely como equipo oficial, Riva volvió a encontrarse frente a aquella imagen de su infancia. Solo que ahora ya no estaba detrás del alambrado, mirando a los pilotos que admiraba. Era él quien vestiría la indumentaria de una marca.
La dimensión de ese momento lo desbordó.

"Es uno de los momentos más importantes de toda mi vida", reconoció.
Y relató una situación íntima que resume mucho más que cualquier resultado deportivo.
"Venía de viaje y me grabé porque venía llorando solo arriba del auto. Venía a esto, a lo que toda la vida ese nene que soñaba con correr en auto soñaba y soñaba", mientras le cambia la voz, con emoción.
La emoción tiene una explicación que va más allá de conducir un nuevo vehículo. Es la posibilidad de reconocerse en el mismo lugar que durante tantos años pareció reservado para los demás.
"Corrí muchos años siempre con equipo propio, luchándola y mirando toda esta situación. Hoy estar acá me cuesta mucho plasmarlo en palabras. Es cumplir un sueño", confesó.
UNA HISTORIA QUE COMENZÓ ANTES DE GEELY
Hay otro detalle que vuelve especial la unión de Traut y Riva. Sus caminos se habían cruzado muchos años antes de convertirse en compañeros de un equipo oficial.
Traut recordó que sus primeros pasos en una de las etapas de su trayectoria estuvieron vinculados con un automóvil que pertenecía al padre de Riva. Una conversación y la posibilidad de subirse a aquel vehículo le permitieron continuar compitiendo.
Más de quince años después, el destino vuelve a reunirlos, pero ahora bajo la estructura de una automotriz internacional.
"Qué casualidad de la vida. Yo debuté en el auto del padre de él. Y mirá qué loco que hoy vamos a compartir un equipo oficial", expresó Traut, con una emoción que por momentos le dificultaba continuar hablando.
La coincidencia es también una imagen de las vueltas que puede dar el automovilismo. Dos pilotos que alguna vez necesitaron encontrar alternativas para seguir corriendo ahora tendrán a su disposición una estructura profesional, ingenieros, técnicos y el respaldo de una marca que busca consolidarse en el mercado argentino.
Traut y Riva saben que el verdadero desafío comenzará cuando los vehículos salgan a pista, con el desarrollo aerodinámico, las pruebas y la búsqueda de una configuración competitiva serán determinantes para establecer el potencial del nuevo modelo.
Ambos llegaron desde lugares diferentes, pero encontraron una misma respuesta: seguir trabajando cuando las cosas no salían.
En el automovilismo, como en tantos otros deportes, el talento no siempre alcanza. También hacen falta recursos, oportunidades y personas que confíen en aquellos que todavía tienen algo para demostrar. La historia de Traut y Riva muestra las dificultades de ese recorrido, pero también lo que puede suceder cuando la preparación encuentra finalmente su momento.
