Cinco años sin Diego: las imágenes del dolor que marcó a un país
DEPORTV seleccionó una muestra de fotos que retratan el impacto, la tristeza y la conmoción popular del día en que murió Diego Armando Maradona. Un recorrido visual por el adiós más desgarrador que vivió el deporte argentino.

El 25 de noviembre de 2020, en plena pandemia de Covid-19, el fallecimiento de Diego Armando Maradona causaba una gran congoja popular. Escenas sentidas se vivieron en Plaza de Mayo y todo el país.
Un grupo de panelistas de un programa de televisión no sabían cómo dar la noticia. No se animaban a pronunciarla, no podían decir la palabra muerte y asociarla con una figura que había estado presente desde décadas en el acervo y la memoria de tres generaciones de argentinos futboleros.
“Me dicen que no, que no salió”, balbuceaba un movilero desde el lugar de los hechos, un barrio cerrado donde el Diez cursaba desde hacía varias semanas una internación domiciliaria.

Ese aturdido trabajador de presa se refería a los intentos de reanimación que paramédicos le habían practicado al cuerpo maltrecho de ese jugador fantástico que fue; que brilló en las canchas argentinas desde chico; el que se iluminó como un astro eterno en los campos de la Ciudad de México y Puebla; quien gambeteó a media docena de ingleses en el campo del Azteca; el que supo vindicar desde Nápoles al sur postergado de la rica Italia.
Se hablaba de Diego Armando Maradona, que se debatía entre la vida y la muerte en una cama instalada en un chalet de la zona norte del Gran Buenos Aires.


“Me confirman que sí, que está muerto… Que Diego Maradona acaba de fallecer”. Los rostros los periodistas ubicados en ese set de televisión se desfiguraron entre la desazón y la incredulidad, entre ellos, un ex jugador de la Selección Nacional, devenido en comentarista, que lo acompañó desde la zaga en más de una aventura futbolera en los Campeonatos Mundiales de México, Italia y los Estados Unidos.
La noticia corrió rápido por los medios de comunicación y hasta hubo alguien que osó, en medio del dolor, atribuirse de la primicia de una muerte.



Lo que siguió fue un cortejo acompañado por multitudes. La llegada del féretro con el cuerpo del diez a la cancha de Argentinos Juniors, donde surgió como un joven jugador de fútbol que estuvo cerca de jugar el Mundial con el equipo de César Luis Menotti y que al año siguiente capitaneó la selección juvenil que se consagró en Japón.
A la mañana siguiente, el cuerpo de Maradona fue velado en la Casa Rosada. Era una jornada calurosa, agobiante, en un país y un mundo todavía afectado por la pandemia de covid-19. Pero el dolor, la necesidad de despedirse de ídolo en su última morada pudo más que la prevención sanitaria y el distanciamiento social.
Hinchas con camisetas de todos los colores se dieron cita en la histórica Plaza. Hasta un aficionado de Boca se abrazó con uno de River. Las filas se extendían a lo largo de cuadras y durante horas. Hubo más de un desborde y las fuerzas policiales respondieron con represión. Era un pesar activo, un dolor que lo envolvía todo. Una marea humana condolida que era difícil de contener.
Personalidades de la política, el deporte y la farándula contaban con un acceso privilegiado a la capilla ardiente montada en la sede gubernamental. Dalma y Yanina, las hijas de Diego, junto a Claudia Villafañe, su exesposa, encabezaban la improvisada ceremonia fúnebre en la Casa Rosada.




En horas de la tarde, el féretro de Maradona se cerró. Su cuerpo su llevado a un cementerio privado en las afueras de la Ciudad. La cureña que lo trasladaba contó con el seguimiento de cientos de automovilistas y transeúntes que saludaban el paso del vehículo que trasportaba al mejor jugador argentino de todos los tiempos.
En los días posteriores siguieron escenas de dolor y luto en las canchas de todo el mundo. Antiguos compañeros y rivales de Diego lo lloraban desconsolados en medio de las evocaciones y los minutos de silencio que se solicitan en la memoria de El Pelusa.




Fue tal vez, el tributo y la despedida más emblemática que el fútbol argentino podía ofrecer en esos días. La estela de un ídolo se apagaba y otro se hacía cargo definitivamente de su legado para buscar con la Selección argentina la obtención de una tercera estrella. Algo que se produjo tres años después en Qatar, donde el alma de Maradona estuvo presente en aquella conquista.




















