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26-05-2026 19:30 - Mundial

Un equipo goleado y amenazado por un dictador: la historia de Zaire en el Mundial 1974

Fue la primera selección del África subsahariana en clasificarse a una Copa del Mundo, pero perdió los tres partidos que jugó y recibió 14 goles. En plena competencia, el presidente zaireño amenazó al plantel con impedirle el retorno al país y, en ese contexto, un jugador cometió una infracción inexplicable.

Autor: DeporTV
26-05-2026 | 19:30
Foto: La formación de Zaire que perdió 3 a 0 ante Brasil en el Mundial de 1974
Foto: La formación de Zaire que perdió 3 a 0 ante Brasil en el Mundial de 1974

La República Democrática de Congo se apresta a jugar en Estados Unidos, Canadá y México el segundo Mundial de su historia, con el anhelo de cumplir una buena actuación y sepultar en el olvido la pesadilla que un representativo del país vivió hace 52 años, en la Copa de Alemania 1974, cuando esta nación africana se denominaba como Zaire.

En ese entonces, el país era gobernado por Mobutu Sese Seko, un dictador cleptócrata que, disgustado por los malos resultados obtenidos por esa selección, amenazó y aterrorizó a sus jugadores, que protagonizaron situaciones insólitas, tanto dentro como fuera de la cancha, al cabo de los tres partidos que disputaron en el torneo.

Zaire, antigua colonia de Bélgica, fue el primer combinado del África Subsahariana en clasificarse a una cita mundialista organizada por la FIFA y venía de consagrarse como campeón continental bajo la conducción técnica del yugoslavo Blagoje Vidinic.

Tras haber logrado el pasaje al certamen ecuménico del fútbol internacional, Mobutu premió a los integrantes del plantel con una casa para cada uno y la promesa de unas vacaciones en los Estados Unidos con sus familias, si cumplían en Alemania una buena actuación.

Siempre atento al uso político que podía darle al deporte, Mobutu, que accedió al poder en 1965, propició la profesionalización del fútbol en el país y el Mundial era una gran oportunidad para acrecentar su popularidad ante su pueblo y el mundo.

Los Leopardos, tal como se apodaba a la Selección de Zaire, fueron sorteados en el Grupo 2 de la competencia, donde deberían medirse con Brasil, campeón defensor, Yugoslavia y Escocia, dos selecciones europeas de primer nivel.

Era una prueba más que difícil para los dirigidos de Vidinic, pero se trataba de jugar un Mundial, de plasmar el sueño de cualquier futbolista y los jugadores de Zaire encararon el desafío con optimismo. La realidad les devolvería un duro golpe.

 

Cuando la ilusión de una selección se convirtió en pesadilla

Foto: Una escena del partido de Zaire ante Escocia y que terminó con una victoria por 2 a 0 para los británicos
Foto: Una escena del partido de Zaire ante Escocia y que terminó con una victoria por 2 a 0 para los británicos

El 14 de junio de 1974, Zaire salió a la cancha para medirse con Escocia en Dortmund. Kenny Dalglish, Joe Jordan, Dennis Law, Billy Bremner, Danny McGrain y Peter Lorimer eran algunos de los importantes jugadores que formaban parte del equipo británico, que era claramente favorito para ganar el encuentro.

Escocia se impuso por 2 a 0, con dos goles marcados en el primer tiempo, y el arquero de Zaire, Muamba Kazidi, cometió un error grosero en uno de ellos. Sin embargo, el guardameta se rehabilitó en el complemento con varias atajadas.

Pese a la derrota, Zaire cumplió, a juicio de propios y extraños, una actuación decorosa para lo que había sido el debut absoluto de una selección africana en una Copa del Mundo.

Pero tras esa primera presentación ante los escoceses comenzaron los problemas para Los Leopardos en su excursión por la Alemania Federal.

Emisarios del gobierno de Mobutu se presentaron en la concentración y les comunicaron a los jugadores que no les iban a pagar los premios que les habían prometido. La noticia cayó muy mal en el grupo y algunos amenazaron incluso con no presentarse a jugar ante Yugoslavia.

Los jugadores de Zaire salieron a la cancha para medirse con los balcánicos en medio de un clima interno enrarecido; Los Leopardos eran un grupo de futbolistas sin motivación y eso se vio reflejado en el partido.

En Gelsenkirchen, el 18 de junio, Yugoslavia se impuso por un contundente 9 a 0 ante Zaire, que en el primer tiempo había recibido seis goles.

Lo más llamativo ocurrió cuando el entrenador del elenco africano decidió reemplazar al arquero Kazidi, luego del tercer gol que recibió a los 22 minutos de juego.

En pleno partido, personeros de Mobutu se acercaron al banco de suplentes que ocupaba el DT y le comunicaron que debía efectuar esa modificación en el once titular.

El delantero Mulamba N'Daye, goleador de Zaire en la Eliminatoria africana, afirmó que ese día el equipo estaba como para perder por 20 goles. “Habíamos perdido nuestra alma. No podíamos jugar concentrados”, intentó justificarse años después el atacante.

Cuando Zaire estaba 4 a 0 abajo en el marcador se produjo una situación que pareció ilustrar el destino trágico que signaba a ese combinado en aquel Mundial.

Ilunga Mwepu (quien al siguiente partido iba a protagonizar una de las faltas más increíbles en la historia de la Copa del Mundo) pateó al árbitro del encuentro, el colombiano Omar Delgado, en medio de una protesta, pero fue N’Daye quien recibió la tarjeta roja.

“Para ellos, nuestros rivales y los árbitros éramos todos iguales”, se lamentó el jugador que ese día se despidió del torneo, sancionado por una inconducta que no había cometido. Toda una metáfora de la discriminación que padecían los africanos en los años ‘70.

Tras la dura derrota recibida ante los yugoslavos, la furia de Mobutu no se hizo esperar. Prohibió la entrada de periodistas a la concentración y envió a miembros de su guardia presidencial a visitar al plantel para dejarles un mensaje inequívoco: si perdían por más de cuatro goles contra Brasil, los jugadores no podrían volver al país.

Bajo ese clima de terror, Los Leopardos debían medirse ante la verdeamarela. Si querían volver a sus seres queridos no podían sufrir otra goleada.

El miedo, el tiro libre y una reacción inexplicable

 

Foto: Mobutu Sese Seko, el hombre fuerte de Zaire que amenazó a los jugadores con prohibirles el retorno a su país
Foto: Mobutu Sese Seko, el hombre fuerte de Zaire que amenazó a los jugadores con prohibirles el retorno a su país

Sin Pelé, pero con Rivelino, Jairzinho y Valdomiro, Brasil llegó al Mundial de Alemania con la misión de defender el título que cuatro años antes había logrado en México.

Los jugadores de Zaire hicieron su mejor esfuerzo, pero a la larga el Scratch impuso su calidad y se puso 3 a 0 cuando faltaban diez minutos para el cierre del compromiso.

La angustia de recibir el cuarto tanto llenaba de temor los corazones de los futbolistas africanos y en ese contexto, Rivelino se aprestaba a ejecutar un tiro libre.

La barrera estaba formada, el crack brasileño estaba a punto de rematar y, cuando nadie lo esperaba, Mwepu se desprendió de la formación defensiva y pateó la pelota fuerte y lejos antes de que el árbitro rumano Nicolae Rainea diera la orden.

Los brasileños se miraban incrédulos, los espectadores también y el relator de la BBC lanzó un lapidario comentario en medio de la transmisión: “Estamos ante un extraño momento de torpeza africana”.

“Claro que conocía las reglas, había jugado toda mi vida al fútbol, pero quería que me expulsaran y evitar que Rivelino hiciera el cuarto gol. Quería volver a ver a mi familia”, confesó Mwepu al referirse a esa extraña jugada.

Rainea no le dio el gusto al futbolista africano y le aplicó sólo una tarjeta amarilla. Zaire evitó el cuarto gol en contra y finalmente perdió por 3 a 0 ante Brasil.

Los Leopardos se despidieron del Mundial tras jugar tres partidos en los que recibieron 14 goles y no pudieron marcar ninguno.

El plantel pudo volver a su patria, pero Mobutu prohibió que el público los recibiera en el aeropuerto de Kinshasa, la capital del país. Una experiencia absolutamente olvidable, con mucha pena y nada de gloria.

En el Mundial de 2026, la Selección de Congo, que integrará el Grupo K junto con Colombia, Portugal y Uzbekistán, tomará la posta dejada en 1974 por aquel fallido equipo de Zaire con el objetivo de escribir una historia mejor que aquella que transcurrió hace más de medio siglo.

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