La derrota inesperada que sufrieron los inventores del fútbol con un gol marcado por un lavaplatos
El 29 de junio de 1950, un equipo semiprofesional de Estados Unidos protagonizó una de las mayores sorpresas en la historia de los Mundiales al derrotar 1-0 a Inglaterra. El autor del gol fue Joe Gaetjens, un estudiante haitiano que trabajaba como lavaplatos en Nueva York y cuyo destino terminaría marcado por la tragedia.

Un joven estudiante haitiano que se ganaba la vida como lavaplatos en un restaurante de Nueva York se convirtió en el artífice de la primera gran derrota que los inventores del fútbol sufrieron en un Mundial.
El 29 de junio de 1950, en Belo Horizonte, durante el Mundial organizado por Brasil, una selección de Estados Unidos integrada por inmigrantes y jugadores semiprofesionales derrotó por 1 a 0 a Inglaterra, que disputaba por primera vez el certamen ecuménico de la FIFA.
El héroe de aquella jornada fue Joe Gaetjens, nacido en Puerto Príncipe en 1924. Había llegado tres años antes a Nueva York para estudiar contabilidad en la Universidad de Columbia gracias a una beca. Su cabezazo marcó el único gol del partido y dio forma a una de las mayores sorpresas de la historia de los Mundiales.
Aquel tanto le abrió las puertas del fútbol profesional en Francia y años después le permitió integrar la selección de Haití. Sin embargo, su vida tendría un final dramático: en 1964 fue secuestrado por las fuerzas represivas del régimen de François Duvalier y nunca más se supo de él.

El primer Mundial de “Los Inventores del juego”
Inglaterra, la nación que le dio al mundo las reglas modernas del fútbol, regresó a la FIFA en 1946 junto con las federaciones de Escocia, Gales e Irlanda del Norte, tras años de desencuentros con el organismo rector.
Por esa razón, ninguno de los países británicos había participado de los Mundiales de 1930, 1934 y 1938.
En 1950, Inglaterra decidió disputar por primera vez una Copa del Mundo con la intención de ratificar su prestigio futbolístico. Al frente del equipo estaba Walter Winterbottom, exintegrante de la Real Fuerza Aérea y antiguo jugador del Manchester United.
El debut fue auspicioso: el 25 de junio venció a Chile por 2 a 0 en el Maracaná. Ese mismo día, Estados Unidos cayó 3 a 1 ante España en Curitiba y llegó a Belo Horizonte sin ninguna expectativa.
El Milagro de Belo Horizonte

Aunque Estados Unidos había participado en los Mundiales de 1930 y 1934, el fútbol ocupaba un lugar marginal dentro del deporte estadounidense.
La selección reflejaba esa realidad: estaba integrada por inmigrantes o hijos de inmigrantes provenientes de Italia, Irlanda, Portugal, Escocia y el Caribe.
Años después, el entrenador estadounidense Bill Jeffrey reconocería que el objetivo era simple: evitar una goleada y realizar un papel digno frente a Inglaterra.

Los ingleses, en cambio, se consideraban amplios favoritos. Creían que el partido sería apenas un trámite antes de enfrentar a España.
En el estadio Independencia, ante poco más de diez mil espectadores, Inglaterra dominó desde el comienzo y generó numerosas situaciones de gol. Sin embargo, una y otra vez se encontró con las atajadas de Frank Borghi, el arquero estadounidense que antes había sido cátcher de béisbol.

A los 38 minutos del primer tiempo llegó la jugada que cambió la historia. Walter Bahr, maestro de escuela y mediocampista del equipo, envió un centro largo al área inglesa. Parecía una pelota sencilla para la defensa, pero Gaetjens se lanzó en palomita y desvió el balón hacia la red.
Fue el único gol de la tarde.
Inglaterra buscó el empate hasta el final, estrelló remates en los postes y generó numerosas ocasiones, pero no pudo revertir la historia. Estados Unidos acababa de protagonizar uno de los mayores batacazos del fútbol mundial.
Una leyenda sostiene que cuando la noticia llegó por telégrafo a Inglaterra, algunos editores creyeron que se trataba de un error y que el resultado real había sido 10-1 o 10-0 a favor de los británicos. Pero no había confusión posible: Estados Unidos había ganado 1-0.
El único periodista norteamericano presente en Belo Horizonte fue Dent McSkimming, cronista de un diario de Saint Louis, que incluso debió tomarse vacaciones para poder cubrir el torneo.
Días más tarde, Inglaterra volvió a perder por 1 a 0 frente a España y quedó eliminada. La decepción brasileña sería, paradójicamente, el punto de partida de un proceso que culminaría en 1966, cuando conquistó su primera Copa del Mundo en Wembley.
Estados Unidos, por su parte, tardaría cuatro décadas en regresar a un Mundial. Pero nadie podría quitarle aquella histórica victoria.

Geatjeans y su trágico final a manos de una tiranía
Tras el Mundial, Gaetjens se trasladó a Francia, donde jugó para el Racing de París y posteriormente para el Olympique Alès.
Tiempo después regresó a Haití para vestir nuevamente la camiseta del Etoile Haïtienne, el club donde había comenzado su carrera.
También integró la selección haitiana que disputó las Eliminatorias para el Mundial de 1954, aunque la única plaza disponible quedó en manos de México.
En 1957 decidió retirarse del fútbol y permanecer en Haití, gobernado entonces por François “Papa Doc” Duvalier, cuyo régimen perseguía con dureza cualquier forma de oposición.
Varios familiares de Gaetjens participaron en una conspiración contra el gobierno y debieron exiliarse en República Dominicana. Le aconsejaron abandonar el país, pero decidió quedarse. Creía que su popularidad lo protegería.
Se equivocó.
En 1964, los Tontons Macoutes, la temida fuerza parapolicial del régimen, lo secuestraron en su domicilio de Puerto Príncipe. Desde entonces permanece desaparecido.
Su historia terminó de manera trágica, pero su legado deportivo sobrevivió al paso del tiempo. Aquel cabezazo en Belo Horizonte sigue siendo uno de los goles más famosos de la historia de los Mundiales y el símbolo de una de las mayores sorpresas que haya conocido el fútbol.





