No llegó la cuarta para la Scaloneta de Messi que perdió con honor la final ante España
La ilusión de llegar a la cuarta Copa del Mundo se esfumó en el tiempo extra de la final jugada este domingo 19 de julio en Nueva York, donde Argentina batalló hasta el final pero terminó sucumbiendo en inferioridad numérica por 1 a 0 frente a España, el nuevo rey del fútbol por los próximos cuatro años, en la que también podría haber sido la despedida de esta competencia para el dueño de la otra corona, el incomparable Lionel Messi.

Argentina no pudo alcanzar el bicampeonato y la consecuente cuarta estrella mundial al caer en un estadio nefasto para Lionel Messi a la hora de jugar finales como el MetLife de New Jersey, frente al nuevo campeón mundial, España, por 1 a 0, en el primer minuto del segundo tiempo extra tras 90 minutos en blanco.
Esta Argentina campeona en Qatar 2022 se terminó pareciendo en este Mundial de Estados Unidos-México-Canadá a aquella que con Diego Maradona y después de consagrarse en México 1986, llegó a la final del siguiente en Italia 1990 con el equipo desgastado y aguantando hasta el epílogo a Alemania para caer también 1-0 como este domingo le sucedió ante España.
En ambos casos el Mundial post título se enmarcó en un cuadro cuasi epopéyico, porque Argentina llegó a esta Copa del Mundo como a aquella literalmente para sufrir, obviamente sin proponérselo, pero de tanto irle bien en esa dinámica llegó a la final, y pareció que padecer pasó de ser una circunstancia a un método, porque así vivió prácticamente todo el encuentro decisivo ante los españoles.
El único sol que salió para Argentina este domingo 19 de julio fue el que acompañó al encuentro en el estadio MetLife, de New Jersey, después de que la tormenta de la noche del sábado se llevara también la bruma que generó en los días previos una sucesión de incendios que se provocaron en la región boscosa de la cercana ciudad canadiense de Ontario.
Pero la Scaloneta fue la única que no pudo salir de espesa niebla futbolística que le impidió tener la pelota por más de cuatro o cinco pases seguidos, algo que por contrapartida no ocurrió con los dirigidos por Luis De la Fuente, que tuvieron la claridad suficiente como para sumar pases y apropiarse del balón durante la mayor parte del juego.
Pero esa claridad se les volvió oscuridad a los españoles cuando se acercaron al área argentina, porque allí a sus atacantes se les nubló la razón y nuca encontraron un espacio abierto como para ponerse cara a cara con un solvente Emiliano Martínez, que respondió con la eficiencia de costumbre cada una de las veces que fue exigido, especialmente con disparos externos.
Y esta fue una constante durante 90 minutos, casi sin modificaciones en el desarrollo del juego: España con la pelota y Argentina presionando y tratando de jugar largo, en el primer tiempo para Julián Álvarez y Nicolás González y desde el comienzo del segundo solamente con la “Araña” como destinatario de esos mensajes que el cordobés interpretaba bien pero de los que no podía sacar partido.
Es que el de Calchín salió a jugar con la doble función de único atacante con obligación de retroceso para tapar a la usina generadora de fútbol que es Rodri, mientras que “Nico” González lo había hecho para obturar el circuito derecho de los españoles que iba de Pedro Porro a Lamine Yamal.
Esto no fue óbice sin embargo para que Yamal quedara en un par de oportunidades mano a mano con Nicolás Tagliafico, pero el ex Banfield le puso su habitual garra y corazón a la contienda con la estrella española y al fin y al cabo salió bastante bien parado.

Y Messi? Pues, como siempre, entendió muy temprano de que venía la cosa y al no encontrar espacios por los costados y por el medio ante la sólida defensa española, esa que legó a la final con tan solo un gol en contra, fue a colaborar con sus compañeros en la recuperación, y en algunos pasajes hasta se lo vio haciéndolo en la propia área argentina.
La vuelta de Rodrigo De Paul a la titularidad no rindió los frutos esperados, porque volvió a ser el mismo que en cada uno de los otros seis partidos que estuvo desde el arranque, y con Enzo Fernández y Alexis Mac Allister otra vez bastante erráticos, el sostén de Argentina estuvo en su defensa, empezando por el mencionado “Dibu” y una colosal tarea de Cristian Romero.
Y además del mencionado Tagliafico también fue buena la tarea de Lisandro Martínez hasta que debió salir prematuramente reemplazado por Nicolás Otamendi a raíz de una dolencia muscular.
También cumplió con lo suyo Gonzalo Montiel hasta que le dio el cuero, poniendo todos la piel al servicio del equipo, resistiendo desde antes que llegara la hora de la verdadera resistencia, siempre al filo de la cornisa, sin darles respiro a los casi 60.000 argentinos que coparon el estadio neoyorquino en el que hace exactamente 10 años el propio Messi dijera que su tiempo en la selección se había terminado.
Pero el tiempo pasó, Argentina ganó todo con él, y una década más tarde Messi volvió al mismo lugar ya no para jugar una final de Copa América Centenario que perdió por penales ante Chile en 2016, sino una del mundo ante una España que le dio cobijo y crecimiento desde que era un párvulo de apenas una docena de años.
Pero cuando parecía que todo sufrimiento era poco, sobre el final de los 90 vio la tarjeta roja por segunda amarilla Enzo Fernández, y entonces la resistencia iba a tener que ser con uno menos, durante un alargue larguísimo, una media hora más extensa que la del entretiempo festivo estilo Súper Bowl que atrapó a la concurrencia, en especial la local.

Claro, sin los lesionados “Cuti” Romero y “Licha” Martínez, con Facundo Medina jugando de marcador central junto a Nicolás Otamendi y después entrando Marcos Senesi para abonar a ese fuerte defensivo, llegar hasta el arco de Unai Simón era una verdadera quimera, máxime que sin la posibilidad de realizar cambios ofensivos la apuesta por Lautaro Martínez, el héroe de la épica ante los ingleses, todo era definitivamente cuesta arriba y llegar a los penales debía festejarse como un triunfazo.
Pero en el arranque del segundo tiempo suplementario llegó el enésimo entro cruzado de derecha a izquierda que derivó en un encuentro entre los ingresados Nico Williams y Ferrán Torres que este último terminó con un derechazo alto en el fondo de la red del arco del marplatense Martínez.
Y ahí hay que volver al ingreso de Senesi, porque se produjo justamente por Julián Álvarez, vale decir toda una declaración de prjncipios sobre lo que pretendía Lionel Scaloni para esos minutos finales de agonía en los que resignó absolutamente la chance de recortar aunque sea una chance de subirse a la victoria en el tiempo agregado.
Pero claro, si algo no se le podrá reprochar jamás a la Scaloneta es su coraje y su corazón, porque ya con Tagliafico literalmente en una pierna y Otamendi jugando directamente de “nueve”, apretó en los instantes finales a España contra el arco de Simón y tuvo tres veces la posibilidad de llegar al heroico empate, sobre todo cuando le quedó picando el balón al ingresado Giuliano Simeone en el punto penal y su remate de derecha, con el empeine lleno, se fue por arriba del travesaño.
Se gritó desde el Obelisco hasta Bangladesh, pero como reza el adagio futbolero universal (o argentino por lo menos), los goles no se cantan antes que entre la pelota, y esta fue la última chance que tuvo Argentina en esta Copa del Mundo para desempatar a su favor la estadísticas de finales, ya que con esta llegó a siete y tiene más perdidas que ganadas: cuatro a tres.
¿Habrá sido la última de Lío? “La tristeza de haber sido y el dolor de ya no ser”, dice el tango. Porque desde este domingo 19 de julio de 2026 Argentina ya dejará de ser campeón del mundo a donde quiera que vaya, Será el subcampeón de una España que sumó el segundo trofeo a sus vitrinas después de aquel de Sudáfrica 2010. Y quizás Lamine Yamal empiece el reinado de quien supo darle un baño hace casi dos décadas, cuando el bebé Yamal estaba en manos del Messi que se venía.
Y mañana lunes 20 estará el Día del Amigo para que todos los argentinos puedan consolarse entre sí y pongan en el pedestal del reconocimiento más profundo a un equipo que tan bien los representó en los últimos ocho años y que con el tiempo quedará grabada en letras de molde simplemente como la “Scaloneta del capitán Messi”.





