Cuando Corea del Norte dio el batacazo y dejó afuera del Mundial a la poderosa Italia
A 60 años de una de las mayores sorpresas de la historia de los Mundiales, Corea del Norte recordó al mundo que los imposibles existen: eliminó a la poderosa Italia en Inglaterra 1966, derribó prejuicios, alimentó mitos y construyó una hazaña que aún ocupa un lugar privilegiado en la memoria del fútbol.

Un equipo conformado enteramente por jugadores amateurs logró, hace 60 años, uno de los milagros más inspiradores de la historia de los Mundiales, al derrotar a un elenco de afamados profesionales que se desempeñaban en una de las ligas más célebres y ricas del planeta.
El 19 de julio de 1966, en pleno Mundial de Inglaterra, la selección de Corea del Norte derrotaba por 1 a 0 a Italia en un partido válido por el Grupo 4 del certamen. Un golpe durísimo para la Azzurra, su tradición y sus aficionados, que vivieron ese inesperado resultado como una auténtica tragedia.
Un resultado que al ser narrado y explicado por los periodistas peninsulares dio origen a varios mitos, entre ellos uno referido a uno de los jugadores coreanos, Pak Doo-Ik, autor del único gol del partido, disputado en la ciudad de Middlesbrough.
A ese puntero derecho, muchos cronistas itálicos le adjudicaron falsamente la profesión de odontólogo, como una forma de menoscabar sus cualidades deportivas, pero Pak nunca fue dentista.
El héroe de aquella gesta había trabajado en una imprenta, puesto al que ingresó después de la guerra que entre 1950 y 1953 enfrentó a Corea del Norte y Corea del Sur. Años más tarde comenzó a jugar para el equipo de las Fuerzas Armadas, donde recibió un rango militar.
La clasificación de Corea del Norte se produjo en medio de una serie de deserciones de varios países de la Copa del Mundo debido a una controvertida decisión tomada por la FIFA, que le otorgó una sola plaza para Asia, Oceanía y África.
En definitiva, los coreanos debieron jugar un repechaje con Australia, en noviembre de 1965, que consistió en la disputa de dos partidos que tuvieron lugar en Camboya.
Los oceánicos creyeron que su mejor contextura física alcanzaría para doblegar a los esmirriados y diminutos asiáticos.
Pero con un juego compacto, sólido y solidario, los norcoreanos arrasaron a los australianos con dos resultados inapelables: 6-1 en la ida y 3-1 en la revancha. Una serie que anticipó las sorpresas que estaba por ofrecer aquel equipo.
Un equipo que llegó al Mundial envuelto en un halo de misterio
El representativo coreano fue el único representante de Asia en el Mundial de Inglaterra. En el sorteo le tocó el Grupo 4, junto con Unión Soviética, Chile e Italia. Una zona que parecía inaccesible para una selección debutante.
Los soviéticos habían ganado la Eurocopa de 1960 y obtenido el subcampeonato continental. Italia ostentaba dos títulos mundiales y Chile llegaba tras ser tercero en la Copa del Mundo de 1962.
Los norcoreanos venían de un país comunista y en Inglaterra hubo sectores conservadores que plantearon la posibilidad de impedirles la entrada al país. Sin embargo, la idea quedó rápidamente descartada.
Los rusos y sus vasallos norcoreanos jugando en una ciudad del norte de Inglaterra. Dos países comunistas en un mismo grupo, era algo que sonaba aterrador a los tradicionalistas británicos en tiempos de Guerra Fría. Un resquemor ideológico que desapareció cuando comenzó el fútbol.
Los norcoreanos debutaron contra la selección liderada por Lev Yashin, el único arquero ganador del Balón de Oro.
Los soviéticos impusieron su potencia y vencieron por 3 a 0. Sin embargo, la afición inglesa reconoció el esfuerzo mostrado por los asiáticos.
Tres días después llegó el empate 1-1 con Chile. En medio de una lluvia torrencial, Pak Seung-zin marcó la igualdad a dos minutos del final, desatando la celebración en Middlesbrough.
Quedaba un último compromiso para cerrar la fase de grupos. Enfrente estaría nada menos que la poderosa Italia.
Una victoria inesperada y la instalación de varios mitos
Italia llegó a ese partido tras vencer a Chile y perder con la Unión Soviética. El empate le alcanzaba para avanzar a cuartos de final.
Gianni Rivera, Sandro Mazzola y Giacinto Facchetti integraban una selección que dos años después sería campeona de Europa y subcampeona mundial.
Pero la historia tomó otro rumbo. Por la lesión de Giacomo Bulgarelli, Italia jugó gran parte del encuentro con diez hombres y, a los 42 minutos, Pak Doo-Ik anotó el gol más importante de la historia del fútbol norcoreano.
Los asiáticos defendieron la ventaja con orden y sacrificio. Además, el arquero Lee Chang-Myung resultó decisivo con varias intervenciones clave.
La prensa italiana reaccionó con estupor. "Dantesco, eliminados por los coreanos", tituló el diario Corriere della Sera.
Cuando los futbolistas regresaron a Génova fueron recibidos con tomates, insultos y un grito repetido una y otra vez: "Vergogna" (vergüenza).
Incluso circularon bromas y comentarios de tinte racista para intentar explicar la eliminación.
Décadas después, en 2002, Italia volvería a sufrir una eliminación mundialista frente a una selección coreana, esta vez Corea del Sur.
Un gol de oro de Ahn Jung-hwan en el minuto 117 dejó afuera a la Azzurra en los octavos de final.
El sueño que duró hasta que apareció Eusebio

La delegación coreana no tenía previsto llegar a los cuartos de final y debió alojarse en una residencia originalmente reservada para Italia.
“En cada habitación había un crucifijo y en la capilla una figura de Cristo permanecía iluminada toda la noche. Eso nos daba miedo”, recordó años después Pak Doo-Ik.
El 23 de julio, en Liverpool, Corea del Norte se enfrentó a Portugal, que contaba con Eusebio, la gran estrella del torneo.
Y otra vez los asiáticos sorprendieron al mundo: se pusieron 3-0 antes de los 25 minutos de juego.
Pero apareció el genio portugués. Eusebio marcó cuatro goles y encabezó una remontada histórica, completada con el tanto definitivo de José Augusto para el 5-3 final.
Los coreanos se despidieron del Mundial en medio de una ovación en Anfield, tras haber protagonizado una de las campañas más memorables de la historia de la Copa del Mundo.
También circularon leyendas sobre supuestas salidas nocturnas, consumo de alcohol y castigos al regresar a su país.
Nada de eso ocurrió. Décadas después, Pak Doo-Ik desmintió aquellas versiones y recordó que el plantel fue recibido como un grupo de héroes.
"Nos recibieron con honores. Jugamos un gran campeonato", aseguró quien marcó el gol que cambió para siempre la historia del fútbol asiático.





