Boca a la final de la Sudamericana por un gol postrero del desgarrado Paredes
Boca Juniors se convirtió en finalista de la Copa Sudamericana nada menos que en el estadio Maracaná con una victoria por 3-1 sobre Vasco da Gama que se concretó a tres minutos de cumplirse los 90 regulares con un gol del jugador más emblemático y puesto en duda para esta segunda semifinal como Leandro Paredes, que entró en la segunda etapa con menos de una docena de días de recuperación de un desgarro de grado dos en el isquiotibial derecho.

Boca Juniors alcanzó la final de la Copa Sudamericana al vencer por 3-1 al brasileño Vasco da Gama en el estadio Maracaná dando vuelta el 0-1 de la ida en la Bombonera, con un gol desde afuera del área del capitán Leandro Paredes a tres minutos del epílogo regular del encuentro, cuando su presencia había sido puesta en duda durante toda la semana, después de ausentarse en este primer encuentro por un desgarro grado dos del isquiotibial derecho.
El primer tiempo no pudo ser más a pedir de Boca de lo que fue, porque apenas a los tres minutos igualó la serie con un cabezazo de Lautaro Di Lollo tras un tiro de esquina desde la izquierda de Lautaro Blanco.
Y exactamente media hora después apareció Sebastián Villa con una precisa asistencia para que Miguel Merentiel convierta su gol número 65 con la camiseta de Boca al definir como indican los libros en un mano a mano con el arquero Léo Jardim.

Claro que entre uno y otro tanto hubo obviamente un partido, y en ese trayecto Boca no sufrió mayores sobresaltos, porque la inclusión de Rodrigo Battaglia por el lesionado Leandro Paredes así como la implementación del 4-3-3 con dos wines bien abiertos como Villa y Leonel Flores, con el uruguayo Merentiel de nueve, fueron aciertos de Rodolfo Arruabarrena.
Y después está la dupla central, la de los juveniles Di Lollo y Facundo Herrera, que juega con una gran tranquilidad, saliendo desde atrás siempre con un primer pase preciso, pero también cerrando detrás de los laterales cuando tanto Blanco como Lozano están lanzados en ataque.
“Jagger” y Di Lollo, 20 y 22 años respectivamente, parecen Fernando Gamboa y Mauricio Pochettino en aquel Newell's de Marcelo Bielsa de principios de los 90, que con 19 y 18, llegaron a una final de Libertadores con San Pablo.
En eso andan los dos centrales “xeneizes” por estos días, mientras por delante tienen la tranquilidad de contar con un faro que los guía como Leandro Paredes, y aunque en el primer tiempo de esta noche les faltó, igualmente sus desempeños fueron impecables.
Pero a los 10 minutos del complemento el capitán saltó al campo por un cansado Battaglia, que el viernes había jugado los 90 minutos ante Talleres, de Córdoba, después de un año sin hacerlo por una severa lesión en el Talón de Aquiles derecho.
Ese fue el primer cambio que ensayó el “Vasco”, quizá pensando en que un eventual resentimiento de la lesión en el isquiotibial izquierdo le dejaba margen para efectuar otra variante.

Pero claro, la capacidad de marca que tiene Battaglia, quien supo ser segundo central con Antonio Mohamed en Atlético Mineiro, no es una de las principales virtudes de Paredes, que ocupaba espacios hacia atrás en el retroceso pero dejaba un agujero en la mitad de la cancha que de a poco era ocupado por los volantes de Vasco da Gama.
El técnico portugués Pedro Emanuel hizo ingresar en el arranque del complemento al delantero colombiano Marino Hinestroza, por el que justamente Boca había realizado ingentes gestiones a principios de temporada para contar con sus servicios.
Y con el ingreso simultáneo al de Paredes del atacante uruguayo José Luis “Puma” Rodríguez, ya el local tuvo mayor profundidad por el lado izquierdo de la defensa boquense con éste e Hinestroza, y los resultados fueron casi inmediatos.
Es que a los 20 minutos y con Blanco muy replegado en el área auriazul, Leonel Flores no llegó en un largo retroceso que debió realizar tras una pelota perdida por Villa, y entonces el “Puma” Rodríguez pudo cruzar con comodidad un derechazo bajo para poner las cosas 1-2 y consecuente volver a igualar la serie, ahora 2-2.
Blanco le reprochó esa llegada tardía y fatal a Flores, que poco después fue reemplazado por Alan Velasco, mientras que en el mismo momento el ecuatoriano Enner Valencia relevó a un exhausto Merentiel.
Todavía quedaba un cuarto de hora por delante para cumplirse los 90 minutos regulares, pero ya el panorama había cambiado para ambos lados y Vasco da Gama se venía con el aliento de 70.000 hinchas que coparon el Maracaná, donde en este 2026 jugaron apenas tres partidos con el de hoy, uno por el Brasileirao, donde están peleando el descenso, y otro por la Copa de Brasil de la que son semifinalistas y deberán enfrentarse a Palmeiras.
Así las cosas entonces, Boca pasó de la tranquilidad al sufrimiento en la recta final del partido, aún cuando se supiera que en algún momento de la noche de Río de Janeiro el anfitrión iba a obligarlo a defenderse.

Pero así como hay jugadores estrellados, también hay otros con estrella, y Leandro Paredes es de estos últimos, porque sino no se comprende lo que sucedió esta noche en el escenario más rutilante del fútbol sudamericano por antonomasia.
Durante la última docena de días después de que se desgarrara el isquiotibial derecho frente a Instituto y sin estar haciendo un gran partido por lo expuesto previamente, se encontró a tres minutos de los 90 con una pelota frontal afuera del área y le pegó al arco con un remate viboreante que tuvo una respuesta fallida del arquero Léo Jardim y terminó transformándose en el gol de la victoria por 3 a 1 que impulsaba a su equipo a la final del 21 de noviembre en la ciudad colombiana de Barranquilla, frente al ganador de la serie entre Atlético Mineiro y Montevideo City Torque, que se definirá mañana en Uruguay con ventaja de 3-0 para los brasileños de Eduardo Domínguez.
Y así Boca ganó “a lo Boca”, va a jugar otra final habiendo nada menos que clasificado en el Maracaná con un triunfo, dando vuelta una serie adversa por la derrota de 1 a 0 en la Bombonera, y la vuelta a un título título internacional después de 18 años ahora está otra vez al alcance de la mano.





