A Boca le hicieron notar lo mismo que a River, que ahora "es por los puntos"
Boca este domingo, como River el sábado, salieron confundidos a enfrentar a Argentinos Juniors y Platense, respectivamente, y no solamente no pasaron de sendos empates, sino que la pasaron mal, quizá porque la opulencia de sus contrataciones y una pretemporada "amable", no cuentan a la hora de competir.

Boca Juniors no pasó del empate 0 a 0 ante Argentinos Juniors en una Bombonera colmada y llena de expectativas por sus rutilantes incorporaciones, e inclusive la pasó mal en varios tramos de un encuentro que jugó “como en la pretemporada”, pero cometió el pecado de no advertir que ya había empezado el torneo Apertura, y los ahora 30 equipos del fútbol argentino no admiten confusiones.
Las miradas van cambiando según los contextos, y advertirlo no es tan complejo, porque de lo contrario se cae en una confusión donde se cree que todo es igual cuando no lo es.
Por ejemplo, no es lo mismo un seleccionado mexicano de segunda marca que un aguerrido Platense en Vicente López. Y esto lo comprobó este “galáctico” River de Marcelo Gallardo en la noche del sábado con su milagroso empate 1 a 1 sobre el final.
Y tampoco es lo mismo un equipo del Federal A sin actividad competitiva ni entrenamiento desde hace dos meses como Argentino de Monte Maíz que un Argentinos Juniors de renovado buen juego de la mano de su flamante entrenador, Nicolás Diez.
Y esto seguramente debía saberlo, o tendría que saberlo Fernando Gago, que repitió equipo pero no actuación como esa del 5 a 0 de entresemana por Copa Argentina.
Es que, por empezar, luego de un arranque con un poco más de presencia local en la posesión, Argentinos fue ganando posiciones en el terreno y por momentos, después de superarse la mitad del primer tiempo, le manejó la pelota a Boca y merodeó con peligro en las cercanías de Leandro Brey.
Y no era lo mismo el Herrera español (Ander) que su homónimo, el tucumano José, de Argentinos Juniors, respecto de la influencia en el juego de uno y otro. Claramente el del “Bicho” fue más protagonista que el de Athletic de Bilbao en esa etapa inicial.
Sin espacios como los que dispuso ante los cordobeses el miércoles pasado en cancha de Colón y con un juego de fricción “a la sudamericana” que hace doler los tobillos, al español se lo vio incómodo en toda la primera etapa, y cuando quiso hacer lo mismo se le fue tanto la pierna en una pelota dividida con el habilidoso Alan Lescano que mereció una expulsión que el árbitro Hernán Mastrángelo y sus colegas del VAR decidieron ignorar.
De hecho después de esa acción se terminó el primer tiempo y a la vuelta del mismo los dos estaban con 11 jugadores, los Juniors de la Boca y los Juniors de La Paternal.
El único que no volvió fue Marcos Rojo, reemplazado por Ayrton Costa. El ex Estudiantes de La Plata padeció en ese primer período al mencionado Lescano, a Tomás Molina y, en definitiva, a todos los que pasaron por su sector.
Y antes de los 20 minutos del complemento, como la historia no cambiaba, ni para bien ni para mal, Gago decidió patear el tablero y mandó juntos a la cancha a sus dos flamantes incorporaciones, Alan Velazco y Rodrigo Battaglia, quien reemplazó justamente a Ander Herrera, que se retiró acusando un golpe.
El ex Atlético Mineiro entró con la camiseta número cinco para hacer honor a su número, porque al relevar al español no hizo otra cosa que ir a jugar “de 5”, pero su gravitación fue tan escasa como la de Velazco tirado sobre el lateral izquierdo en lugar de Brian Aguirre.
Y entonces ese viejo adagio de “cambiar todo para que nada cambie” se dio otra vez y no hubo modificaciones de ninguna índole. Fue un 0 a 0 clavado, que no dejó nada. O mejor dicho, si, una enseñanza más para los dos más grandes y poderosos del fútbol argentino. Se puede tener plata, se pueden comprar muchas joyas con ella, pero después hay que saber lucirlas.
Y Boca quizá se confundió, creyó que Argentinos era Argentino, y se equivocó de pies a cabeza. Y los recién llegados (también jugó 90 minutos el chileno Carlos Palacios) lo van a tener que comprender rápidamente, porque el fútbol argentino no da respiro.





