Dos años sin el "Flaco"
El domingo 5 de mayo de 2024, exactamente 85 años y medio después de lo que registraba su documento de identidad, se fue César Luis Menotti, el "Flaco", el que cambió para siempre la historia del seleccionado argentino de fútbol, el que lo hizo respetar y valorar en terreno propio y ajeno, el que después de consagrarse campeón mundial como local en 1978 les abrió el camino a los que vendrían por detrás, empezando por el de México 1986 que condujo Carlos Salvador Bilardo hasta la Scaloneta de Qatar 2022, a la que "apadrinó" desde su función de Director General de Selecciones.

El “Flaco” Menotti y la selección argentina tuvieron un vínculo emocional y formal hasta el 5 de mayo de 2024, cuando el rosarino se fue dejando un hueco imposible de llenar en el fútbol nacional, que lo consagró como el mejor entrenador de la historia, el que hizo por la albiceleste lo que ningún otro.
A César le gustaba decir que su cumpleaños era el 22 de octubre, porque su padre, por falta de tiempo, lo había llevado a anotar 14 días después de su nacimiento, el 5 de noviembre de 1938, que es “oficialmente” el quedó instaurado en su cédula de identidad.
En el barrio Fisherton, donde está el aeropuerto de su Rosario natal, fue donde empezaron a volar sus sueños de futbolista, los de un flaco alto, desgarbado, de andar cansino pero con un talento innato en las dos piernas.
Lo supo Rosario Central, lo apreció un poco Racing y lo disfrutó un poquito Boca. ya que tanto en el conjunto de Avellaneda como en el “xeneize” disputó la misma cantidad de partidos: 18. Del club de la Ribera lo “echó” su emblemático presidente Alberto J. Armando en 1966, después de que el “Flaco” fallara un penal ante Real Madrid en la definición de la Copa Mohamed, de Marruecos.
Paradojas del destino, exactamente 20 años después, para diciembre de 1986 volvería a Boca, obviamente ya no como jugador sino como director técnico, por obra y gracia de un fanático suyo que ocupaba uno de los dos sillones más importantes de la conducción auriazul, Carlos Heller, vicepresidente por entonces de Antonio Alegre.
Para entonces ya habían quedado atrás otros hitos en su carrera más allá de la Copa del Mundo de 1978, como el primer título Sub.20 en Japón 1979 y las Copas del Rey y de la Liga de España durante los dos años que permaneció en Barcelona dirigiendo nada menos que a Diego Maradona.
Su permanencia en Boca le brindó al equipo un nivel futbolístico que hacía levantar aplausos en la Bombonera, ya que a la garra histórica le sumaba buen juego. Dos décadas después el “Flaco” hacía jugar desde el otro lado de la línea de cal al equipo “xeneize” como había querido hacerlo siendo jugador del lado de adentro.
Pero al año siguiente apareció otro dirigente que marcó huella, en este caso en España, como Jesús Gil y Gil, y se lo llevó a Atlético de Madrid para vivir su segunda experiencia europea. que duraría hasta marzo de 1988, cuando después de una derrota como local en el entonces Vicente Calderón por 3 a 1 ante Real Madrid, en el clásico capitalino, el inefable presidente “colchonero” le pidió que multara al delantero Julio Salinas por las ocasiones de gol que había desperdiciado. La respuesta era obvia: el “Flaco” se negó y renunció.
Entonces llegó el turno de River, ya que allí también era una debilidad de su presidente, Hugo Santilli, aunque su paso no dejó los dividendos esperados, algo que mejoraría en los albores de los '90 cuando llegó a Peñarol, de Montevideo.
Pero donde volvió a dejar huella y se convirtió en un “parte aguas” como en la selección argentina, fue cuando asumió la dirección técnica de México y renovó por completo el estilo y las formas de su seleccionado, pero sobre todo su mentalidad, ya que convenció a los futbolistas de su potencial y les solicitó a los dirigentes que para que los jugadores elevaran su autoestima y su nivel de juego debían competir contra los mejores.
“No vengo a perder el tiempo, sino a salir campeón del mundo”, los arengó el “Flaco”, quien pidió competir contras las más fuertes selecciones europeas y también salir del ámbito de la Concacaf y meterse en competencias más exigentes de la Conmebol, por lo que México pudo participar por primera vez de la Copa América en 1993. Bajo su influjo y la misma receta que utilizó con Argentina, México empezaba a creer en México.
Más tarde llegarían Independiente, otro lugar donde fue muy querido, su casa Rosario Central, un retorno no muy extenso a Boca y el retiro en México en 2007 luego de dirigir al Puebla y a los Tecos de la UAG.

En 2019, como Director General de Selecciones le recomendó al presidente de AFA, Claudio Tapia, que le diera “para adelante” con Lionel Scaloni y su cuerpo técnico, integrado por Roberto Ayala, Walter Samuel y Pablo Aimar. “Son buena gente, hablan poco, no venden humo y tienen bien definidos sus roles, el entrenador es el entrenador y el ayudante, ayudante. Viven como cuatro amigos, y eso se transmite a los jugadores”, expresó Menotti para refrendar la elección definitiva del nuevo cuerpo técnico de la selección. Y en las grandes decisiones, otra vez tuvo razón.
Por eso, si hoy se dice que Lionel Scaloni es el “padre de la Scaloneta”, como él mismo reconoce, entonces Menotti es “el abuelo”. Y ahora, a poco más de un mes para una nueva Copa del Mundo, no solamente este 5 de mayo, sino todos los días que se habla, se vive, se siente, se trabaja, se organiza y, sobre todo, se juega al fútbol, al “Flaco” se lo extraña cada vez más. Y no es para menos.




