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20-10-2026 08:50 - Maradona

A 50 años del comienzo de una leyenda: el día que nació el mito del 10

Con solo 15 años, Pelusa, el pibe de Villa Fiorito, debutaba con la camiseta de Argentinos Juniors ante Talleres de Córdoba en un partido oficial disputado en La Paternal. Entró en el segundo tiempo, metió un caño y empezó a enamorar a los hinchas de todos los clubes.

Autor: DeporTV
20-10-2026 | 08:50
Foto: Archivo El Gráfico. La lengua afuera, el paso firme y la cabeza en alto para recibir y ser alternativa. Diego Maradona debutó en Argentinos Juniors e inició su camino mágico dentro del fútbol 
Foto: Archivo El Gráfico. La lengua afuera, el paso firme y la cabeza en alto para recibir y ser alternativa. Diego Maradona debutó en Argentinos Juniors e inició su camino mágico dentro del fútbol 

“Juegue cómo usted sabe. Vaya y tírele un caño al primero que lo venga a marcar”, le dijo Juan Carlos Montes, DT de Argentinos Juniors, a ese pibe de 15 años, oriundo de Villa Fiorito, que se preparaba para entrar a la cancha de ese tradicional reducto ubicado en la intersección de las calles Juan Agustín García y Boyacá.

Con desparpajo, repentización y valentía, las tres cualidades que lo iban a distinguir por el resto de su vida, Pelusa se hizo cargo de ese mandato y de entrada encaró al volante de Talleres de Córdoba,Juan Domingo Cabrera, a quien amagó para luego tirarle la pelota por medio de sus piernas. 

La bola salió limpia, franca, redondita, y desde los tablones de madera los hinchas del Bicho celebraron aquel lujo con un sonoro “ooooole”, que retumbó por todo el barrio de La Paternal, donde en esa calurosa jornada de primavera, hace 50 años, Diego Armando Maradona debutaba en la Primera División del fútbol argentino e iniciaba su legendaria historia.   

Las más de 5 mil almas que se congregaron en la vieja cancha de Argentinos, aquel miércoles 20 de octubre de 1976, percibieron que estaban ante algo distinto. Ya no se trataba de ese alcanza pelotas que hacía jueguitos en los entretiempos. Ese pibe era un crack de verdad, alguien que la pedía con la cabeza siempre levantada y encaraba, gambeteaba y nunca se escondía.

En ese país inerme ante la represión ilegal y el terrorismo de Estado, la irrupción de Maradona significó un destelló de luz, un atisbo de esperanza futbolera en medio del genocidio llevado a cabo por la última dictadura cívico militar.

El campeonato Mundial Juvenil de 1979 en Japón, el título con Boca en 1981, su paso por Barcelona, la gloria en Nápoli y la máxima consagración en el estadio Azteca del Distrito Federal de México, son todos los episodios que forman parte de la gran saga deportiva edificada por Diego, y que comenzó ese día de octubre, cuando Argentinos recibió a Talleres por la 8va. fecha del Torneo Nacional de 1976.  

FIORITO, LOS CEBOLLITAS Y LA PRIMERA DE ARGENTINOS

Foto: Archivo El Gráfico. La mirada en la pelota. Una característica del 10 a lo largo de su carrera
Foto: Archivo El Gráfico. La mirada en la pelota. Una característica del 10 a lo largo de su carrera

En los potreros de Villa Fiorito, una localidad ubicada en el partido de Lomas de Zamora fue donde surgió ese gran romance de Diego con la pelota. 

Todo el barrio se juntaba a ver las maravillas que hacía Pelusa en esos maratónicos partidos que se jugaban de sol a sol, y algún vecino les sugirió a sus padres, Don Diego y Doña Tota, que el pibe debía probarse en algún club.

Surgió la posibilidad de probar suerte en Argentinos Juniors, un club famoso por tener buenos y sabios reclutadores de talentos jugadores de fútbol. 

Diego fue entonces al club de La Paternal con su amigo Gregorio ‘Goyo’ Carrizo y su padre, que los acompañó en colectivo al que sería su primer ensayo, en un día lluvioso y destemplado. 

Francisco Cornejo, entrenador de las divisiones inferiores del Bicho lo vio jugar y quedó deslumbrado. Decidió ficharlo de inmediato. Diego brillaba entre pibes que eran incluso más grandes que él. No había forma de sacarle la pelota. 

Pero tenía 10 años y debía esperar otros cuatro para jugar en los campeonatos oficiales de AFA. Argentinos resolvió la cuestión al sumarlo a Los Cebollitas, un equipo del club que jugaba en torneos regionales y amateurs, como el campeonato Evita. 

En esas competencias, Diego brillaba y se hizo una fama que lo acompañó hasta los campeonatos de las divisiones inferiores, donde su nombre adquirió cierto prestigio en el ambiente del fútbol juvenil.

En 1976, Maradona ya entrenaba con la Primera y jugaba en Reserva, y estaba listo para el debut, pero un hecho disciplinario ocurrido en septiembre demoró su estreno.

En un compromiso de Tercera contra Vélez, le espetó a un árbitro que había cumplido una pobre labor: “Sos un fenómeno, tendrías que ser internacional”. Le dieron cinco fechas y tuvo que esperar.

El plantel profesional de Argentinos practicaba en el club Comunicaciones, y Diego estaba ahí, trabajando con los profesionales. Ese martes, a la mañana, Montes se le acercó y le anunció: “Prepárese, mañana va al banco”.

Foto: Archivo El Gràfico. Juan Domingo Cabrera, el mediocampista que quedó inmortalizado esa tarde de octubre, protege la pelota ante la marca de Diego
Foto: Archivo El Gràfico. Juan Domingo Cabrera, el mediocampista que quedó inmortalizado esa tarde de octubre, protege la pelota ante la marca de Diego

Pelusa no salía de sí. Se los contó a sus padres que habían empezado a vivir en un departamento de Villa del Parque, cuyo alquiler era abonado por el club.  

No hubo concentración. Diego durmió a la noche en su casa y al otro día, a las 10.00, se puso una remera blanca y se calzó un pantalón de corderoy. “Era el único que tenía”, contaría años después 

Doña Tota le dio un beso y le anunció que rezaría para que le fuera bien. Don Diego se había ido temprano a trabajar, pero iba a estar presente. Había pedido permiso para irse antes.

El plantel se junto al mediodía en una fonda de Jonte y Boyacá, donde Maradona había llegado con un bolso y toda la ilusión a cuestas. Los jugadores comieron un bife con puré y luego Montes dio la charla. Pelusa escuchaba, desbordado por la ilusión.

“DIEGO, VA A ENTRAR”

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Talleres era por aquel entonces el gran representante del fútbol del interior del país. Tenía en su plantel la base conformada del equipo que un año después sería subcampeón. 

Cumplía una promisoria campaña en el Nacional de 1976 y llegó a La Paternal a jugar ese partido con sus principales figuras. 

Daniel Valencia, Miguel Oviedo y Luis Galván, tres jugadores que iban a integrar el plantel de la selección argentina que ganó el Mundial de 1978, conformaban parte de la columna vertebral de ese conjunto que dirigía Rubén Bravo. Además, Daniel Willington, ídolo máximo del club albiazul, estaba en el banco de suplentes.

El equipo cordobés empezó dominando y llegó al gol a los 33 minutos del primer tiempo con un gol señalado por Luis “El Hacha” Ludueña. 

El primer tiempo terminaba y de cara al complemento, Montes necesitaba producir una variante. El árbitro Roberto Maino decretó el final de los primeros 45 minutos y el entrenador se decidió por el cambio.      

“Diego, entra usted”, le indicó Montes a Maradona que ingresó a la cancha en reemplazo de Rubén Giacobetti con el número 16 en la espalda. “No quise darle responsabilidades tácticas. Quería que estuviera tranquilo y por eso le dije que hiciera lo que sabía, que jugara”, recordó años más tarde el propio entrenador.

Diego entró, le metió un tubo a Cabrera y agarró la manija del equipo.  Sin embargo, el rendimiento de ese pibe que estaba a diez días de cumplir los 16, no alcanzó como para cambiar la historia. Talleres ganó por 1 a 0, pero el nombre de Maradona comenzó a ganarse un lugar en el sentimiento de los hinchas de todas las instituciones

De a poco, Diego se consolidó en la Primera de Argentinos y se ganó la 10. En febrero de 1977, César Luis Menotti lo convocó a la Selección argentina y lo hizo debutar en un partido ante Hungría. Empezaría así la gran historia de Maradona con la camiseta que más amó y defendió. Pero esa es otra, y muy gloriosa, historia del fútbol argentino.    

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