A 55 años del nacimiento de la leyenda: Carlos Monzón noqueaba a Nino Benvenuti
El 7 de noviembre en el Palacio de los Deportes de Roma, el santafesino se consagraba campeón de los medianos al consumar el que fue --a juicio de muchos entendidos-- el knock out más importante de la historia del boxeo argentino.
Ese retador indómito, llegado a la Ciudad Eterna desde el sur del mundo, había castigado al campeón durante todo el combate y en el round 12 lo arrinconó en su esquina, ante la mirada incrédula de su gente. En ese momento culminante, el púgil surgido en los arrabales de Santa Fe acomodó al peleador más célebre de la historia de Italia con un jab de izquierda y lo remató luego con un derechazo demoledor. El europeo fue a parar a la lona ante el estupor de los espectadores que habían colmado el Palacio de los Deportes de Roma.
De esta forma, y hace 55 años, Carlos Monzón consumó el que fue, a juicio de varios entendidos del deporte de los puños, el knock out más importante y espectacular logrado por un boxeador argentino.
Un golpe preciso y contundente que le permitió al santafesino derrotar al italiano Nino Benvenuti y coronarse como campeón de peso mediano, categoría en la que reinó por siete años con 14 defensas exitosas.
Nacido en 1942 en San Javier, a unos 150 kilómetros de la ciudad de Santa Fe, Monzón comenzó a boxear en el club Cochabamba Boxing Club, ubicado en el barrio Barranquitas Oeste y debutó como aficionado a los 17 años, en una pelea a tres asaltos que terminó en empate ante un rival llamado Raúl Cardozo.
Tras cumplir una apreciada trayectoria como amateur, Monzón, apodado como “Escopeta”, hizo su primera presentación como profesional en 1963, a los 20 años, al ganarle por knock out al entrerriano Ramón Montenegro.

A mediados de los ’60, Amílcar Brusa comenzó a entrenarlo y lo llevó a pelear a Buenos Aires, donde se presentó en combates que se realzaban los miércoles a la noche en el Luna Park, el estadio que administraba el promotor Juan Carlos “Tito” Lectoure.
Tras mostrarse en esas veladas como un interesante proyecto de boxeador, el 3 de junio de 1966 logró el título argentino de los medianos al vencer por puntos a Jorge Fernández, conocido como “el Torito de Pompeya”.
El ascenso de Monzón como un boxeador con presentaciones cada vez más frecuentes en las noches sabatinas del Luna, coincidió con el crecimiento de Lectoure como promotor internacional con llegada en la Asociación Mundial de Boxeo (AMB).

En 1969, luego que Escopeta venciera a varios rivales estadounidenses en Buenos Aires, Tito consiguió que la AMB ubicara al santafesino en el primer lugar de su ranking y con chances de desafiar por el título a Benvenuti.
Monzón quería ser campeón. Brusa confiaba en las chances de su pupilo y Lectoure sabía que una victoria del mediano argentino en Europa, ante un gran boxeador como Benvenuti, podía potenciar su renombre como promotor a nivel internacional. Se conformó así una sociedad a tres bandas para viajar a Roma con toda la ilusión.
UNA CHANCE Y UN TÍTULO QUE NO SE PODÍA ESCAPAR
En los años 60’, Benvenuti y el estadounidense Emili Griffith había entablado una rivalidad clásica en la historia de la categoría. El italiano se había impuesto en dos ocasiones y el peleador oriundo de las Islas Vírgenes había vencido en una.
Existía entonces la posibilidad de realizar un cuarto combate, pero Bruno Amaduzzi y Rodolfo Sabbatini, los promotores italianos que manejaban la carrera de Benvenuti consideraron que lo mejor sería elegir un rival más accesible para preservar al campeón del mundo. Y eligieron a Monzón como retador.
El santafesino tenía 28 años, 67 peleas ganadas (44 por knock out), tres derrotas y nueve empates. Cobró una bolsa de 15 mil dólares, una suma bastante exigua para una pelea por el campeonato del mundo, pero la chance de ganar valía mucho más.
En toda gesta del deporte argentino existe un componente artesanal que aparece en el momento justo para remontar una adversidad y esa característica tan especial estuvo presente en las horas previas a este combate.
Monzón presentaba dolores en una mano y debía infiltrarse, pero en el equipo que lo acompañaba no había un médico que estuviera en condiciones de realizar esa intervención.
Lectoure decidió llamar a Juan Carlos “Toto” Lorenzo, DT del Lazio para pedirle que el facultativo que trabajaba con el plantel del club italiano para que asistiera al boxeador argentino. La aplicación se hizo de forma exitosa y el santafesino pudo presentarse a pelear.
En el pesaje previo al combate, el campeón le dio a Monzón una palmada en las nalgas. El argentino lo miró desafiante, con una expresión pétrea cargada de odio.
El 7 de noviembre de 1970, el Palacio de los Deporte de Roma presentaba un aforo de 16 mil espectadores que habían llenado el estadio para alentar a “Nino”, que a los 32 años iba por una nueva defensa de su título.
Desde el arranque de la pelea, Monzón trabajó en el desgaste del rival, con jabs y ganchos directos se adueñó del centro del ring y demostró que tenía la voluntad de convertirse en campeón de los medianos.
“Monzón subió al ring a algo más que hacer una buena pelea. Quería destruirme. Nunca había enfrentado a un rival de esa fiereza”, recordó años después Benvenuti al evocar esa pelea.
En el round 11, Monzón le propinó un castigo importante al italiano y en el asalto siguiente salió decidido a terminar la faena.
“Carlos, el italiano está muerto. Vaya y póngalo knock out”, le dijo Brusa a su pupilo, que estaba al borde de la consagración.
La definición llegó al minuto y 57 segundos de la 12° vuelta. Monzón llevó a Benvenuti de una esquina a la otra y tras medirlo con la izquierda, lo remató con un furibundo derechazo.

Foto: El Gráfico
El campeón cayó, el árbitro inglés Harry Gibbs inició la cuenta; Nino se levantó, pero volvió a caer inerme. El referí detuvo la pelea y Monzón se convertía en el cuarto boxeador argentino en consagrarse como campeón del mundo.
Contra todos los pronósticos, el nacido en San Javier alcazaba el cetro de la categoría de los medianos e iniciaba un recorrido que lo convertiría en uno de los más deportistas más grandes de Argentina. Monzón había logrado un knock out de leyenda, como la carrera que edificó en los cuadriláteros.

