"No más": a 45 años del inesperado abandono de Roberto Durán ante Sugar Ray Leonard
Mano de Piedra le había destronado al estadounidense cinco meses antes en Toronto, pero llegó mal preparado a la revancha que se celebró en Nueva Orleans y no pudo seguir en el ring. Un hecho que conmocionó al mundo del boxeo.

Nadie daba crédito a lo que estaba viendo. Ni los miles de espectadores que llenaron el aforo del Superdomo de Nueva Orleans como tampoco los millones de panameños que seguían las alternativas de ese combate entre el peleador oriundo del barrio de Chorrillos –una de las comunidades más pobres de la capital del istmo— y un estilizado púgil moreno, que esa noche no paraba de bailotear entorno a su rival.
“No más”, bramó un exhausto Roberto Mano de Piedra Duran el 25 de noviembre de 1980, hace 45 años, cuando decidió abandonar en el octavo round la pelea ante Sugar Ray Leonard por el título Welter del Consejo Mundial de Boxeo, un cetro que el centroamericano había obtenido cinco meses antes en Toronto, Canadá ante el mismo rival.
Esa inesperada decisión de El Cholo, un noqueador capaz de dejar la piel en el ring en las circunstancias más adversas, caló hondo en el sentimiento del pueblo de Panamá, que asistió absorto a esa derrota del campeón del pueblo canalero.
Durán había decidido dejar de combatir en una pelea en la cual Leonard se estaba imponiendo, sin propina un gran castigo, pero desgastando un movimientos ágiles y repentinos a un rival fatigado y mal preparado que se quedó sin aire como para seguir.
Un resultado pugilístico signado por una historia en la que se conjugaron decisiones equivocadas, aciertos deportivos, ambiciones empresariales y dos boxeadores con estilos bien diferenciados que reinaron los cuadriláteros de los años ’80.
Una noche de derrota para Mano de Piedra que marcó también el camino de una futura recuperación, con su boxeo, su pueblo y su trayectoria.
LA PRIMERA PELEA EN TORONTO
La primera vez que se enfrentaron Duran y Ray Charles Leonard fue en Toronto, capital del Estado de Quebec, en Canadá, donde el estadounidense se había consagrado campeón olímpico cuatro años antes.
Nacido en 1956 en Carolina del Norte, Leonard contaba con una carrera ascendente en el boxeo gracias a su estilo pulido, técnico y veloz, que combinaba golpes efectivos con un juego de piernas dinámico y desgastante para los rivales.
Ese estilo le valió el apodo de Sugar Ray, en homenaje a Sugar Ray Robinson, un boxeador estadounidense que reinó en los cuadriláteros de los años ’50 en las categorías welter, mediano y mediopesado. La elegancia de Leonard en el ring parecía estar en sintonía con su forma de expresarse, articulada, medida y certera a la hora de declarar ante los medios de comunicación.
Durán, en cambio, representaba la antítesis. Roberto era valiente, decidido y pegaba con dureza. Un peleador nato que demolía a sus rivales a fuerza de golpes demoledores y salvajes. El Cholo tenía “el carisma de un político que besa a los niños en tiempos de elecciones”, como alguna vez lo definió uno de sus rivales, el gran Marvin Hagler, otro gran campeón de la década de los ’80.
El panameño era también locuaz, fanfarrón y extrovertido. Cantaba y bailaba canciones de salsa y siempre sacaba a relucir su lado solidario con los necesitados de su patria. También supo cultivar un gran vínculo con Omar Torrijos, el presidente que firmó un tratado por el cual Estados Unidos se comprometía a devolver el canal que une los océanos Atlántico y Pacífico a jurisdicción de Panamá.
Un año atrás, Mano de Piedra había resignado su reinado mundial en la categoría de los livianos para buscar una chance en el peso welter. Luchaba por una ocasión que le permitiera ascender en el firmamento del boxeo. Dos promotores rivales vieron entonces la oportunidad de hacer un gran negocio con el lanzamiento de una pelea estelar.
Bob Arum, en representación de Leonard, y Don King, patrocinando a Duran, dejaron por un momento su histórica enemistad y acordaron la realización del combate en una reunión que mantuvieron en el aeropuerto de Ciudad de Panamá.
El combate se denominó “La Pelea de la Década” y se programó para el 26 de junio de 1980. Sugar Ray, campeón reinante, se cobraría una bolsa de siete millones de dólares y El Cholo un millón y medio.
Durán llegó a la pelea entonado y hecho una fiera. Impuso desde los primeros rounds sus condiciones. Mano de Piedra fue en busca de su rival con golpes directos, rápidos y precisos. Leonard no pudo imponer su juego de piernas y su velocidad, pero además un hecho ocurrido fuera del ring lo condicionó en su ánimo.
La esposa de Sugar Ray, Juanita Wilkinson, sufrió un desmayo cuando presenciaba la pelea. El campeón vio cómo su mujer era atendida en plena descompensación y eso le hizo perder la concentración para seguirle el tren al panameño.
Al cabo de 15 rounds, y por decisión unánime, y se convirtió en campeón mundial welter. Leonard quedó destronado y resignó además su condición de invicto.
Los barrios postergados y las urbanizaciones acomodadas de Panamá se unieron en un festejo único que unió a todos los sectores sociales. El Cholo, de Chorrillos, había impuesto su bravura y reinaba en el mundo.
LOS FESTEJOS, LA REVANCHA, EL ABANDONO
Mano de Piedra volvió a Panamá y el primer recibimiento que tuvo fue el de una multitud que invadió la pista del aeropuerto para verlo bajar del avión que lo traía desde Canadá.
El Cholo paseó por las calles de la capital en un vehículo descapotada mientras saludaba a todo el pueblo que acompañaba su recorrido victorioso. Don King, subido al carro del vencedor, saludaba a la gente y parecía un panameño más. El promotor se mostraba como el artífice del triunfo conseguido por Roberto.
Tras una breve e intensa estadía en su tierra natal, Durán viajó a Nueva York y se embarcó en una fiesta interminable. No le quedó discoteca o cabaré si visitar y se entregó a los brazos de cada mujer que se le cruzó por el camino, lo que le generó con su esposa, Felicidad Iglesias. El Cholo vivía una vida de pleno hedonismo en la Gran Manzana y subió 20 kilos en medio de una juerga interminable.
En medio del bacanal, Don King le informó a Durán que debía prepararse para la revancha con Leonard en Nueva Orleans. Faltaba un mes y medio para el combate y debía ponerse en forma.
La preparación para la pelea significó un calvario para El Cholo. Tras entrenar en el gimnasio terminaba exhausto y pasaba largas sesiones en una tina repleta de sales. Los golpes de los sparrings dolían como nunca antes. Al campeón le costaba caminar y se quejaba de constantes dolores a la altura del hígado.
En esas condiciones llegó Durán a su primera defensa del título welter. Enfrente, había un Leonard que había aprendido la lesión del primer combate. El retador no salió a cambiar golpe con golpe y apostó a la velocidad de sus movimientos y al juego de piernas que caracterizaron su estilo.
Sugar Ray pegaba, salía, se movía con gracia y volvía a pegar. Se paraba firme ofreciendo el mentón a su rival y esquivaba los mandobles que intentaba, sin éxito, conectarle Duran, que lucía cada vez más cansado.
En el séptimo asalto, Leonard llevó su bailoteo a un clímax. En un momento, ensayó la maniobra del bolo punch: movió su brazo derecho como un molinete y sacó un golpe suave sobre la humanidad de Durán. Luego siguió moviéndose con gracia mientras el público lo alentaba.
El show del Sugar Ray siguió en el siguiente asalto y cuando faltaban menos de 30 segundos para que sonara la campana, Duran hizo un gesto con su mano derecha.
El referí mexicano Octavio Meyrán no entendió el gesto y ordenó reanudar las acciones. Entonces, El Cholo, con más énfasis le dijo al árbitro que no iba a seguir peleando. “No más”, fueron las breves palabras que pronunció antes de marcharse a su esquina.
Nadie entendía nada. Los panameños que lo habían vivado cinco meses antes, ahora lo repudiaban e insultaban. Durante meses, no podía salir a la calle. Don King también se sumó al coro de reprobaciones y afirmó que su representado “estaba acabado y era una vergüenza para el boxeo.
Tres años después, Mano de Piedra tuvo una nueva chance por el título. Se enfrentó con el estadounidense Davey Moore en el Madison Square Garden de Nueva York, donde obtuvo el título súperwelter. El Cholo se había entrenado como nunca. Llegó incluso a hacer guantes con reclusos en el gimnasio de una cárcel. Había vuelto a las fuentes.
En 1989, se celebró un tercer combate entre Leonard y Durán. El estadounidense ganó por puntos en Las Vegas. El Cholo peleó hasta 2001 y tras su retiro le preguntaron con quién le hubiese gustado volver a pelear. “Una más con Sugar Ray, esa fue la que me faltó”, se lamentó.





