#VOLEYenDEPORTV - MANO A MANO CON LA "10" DE LAS PANTERAS

Mimí Sosa: "Trato de disfrutar cada momento, este es mi último ciclo en la Selección Argentina"

3 de agosto de 2017 - 20:21 hs  |  Por Daniel Contreras

En la previa de los amistosos con Brasil en Chaco, que serán televisados por DEPORTV, la formoseña que vivió su niñez en una comunidad 'wichi' habló de todo: sus orígenes, su futuro en el vóley, el recambio en la Selección, el cariño especial que la une con la gente y mucho más. 
Fotos: Fernando Minincelli

Fotos: Fernando Minincelli

Por Daniel Contreras
En Twitter: @danicontreras87

Cuando uno ve a Emilce Fabiana Sosa, está viendo a Mimí. La Mimí que juega con la “10” de la selección argentina de vóley, que es la misma que vivió su infancia en Lote 1, una comunidad wichi al oeste de Formosa. La Mimí que aprendió a pedalear su bicicleta fuerte, muy fuerte, para ganarle a esos 10 kilometros de silencio que separaban a su casa del colegio. Que, a su vez, es la misma que jugando en Brasil, Rumania, Serbia o China, cierra sus ojos y olfatea el calor de la tierra colorada mientras corre a su primer amor, una pelota de fútbol. La misma Mimí, adolescente de 16 años, que se va a Córdoba, lejos de su familia para formalizar con su otro (y actual) gran amor: el vóley.

Esa Mimí, la de sonrisa full time, es la misma que levanta a un estadio Ruca Che (Neuquén) repleto, que pide verla en cancha, ignorando su lesión en el hombro. O tal vez no, lo saben, pero quieren verla en cancha igual. Y ella, con el agradecimiento como moneda corriente, se ocupa de “saldar su deuda” con enésimas selfies luego del partido. Sí, es la idéntica Mimí que recibió el llamado de la Selección Argentina cuando era figura con otra “10”, la de Boca, y se enamoró para siempre del celeste y del blanco. La misma que escribe en un blog (mimisosa10.blogspot.com.ar) para ser un poco los ojos de su gente que no puede estar allí donde ella esta, la maestra pastelera que hace chupetines para las fiestas a “sus” niños, la inminente estudiante de fotografía… Simplemente Mimí. Mimí Sosa.

La charla comienza bajo un mediodía de invierno que dan ganas de guardarlo en un cuadrito. El sol abraza todo lo que hay debajo y la referente de La Panteras se dispone a  charlar largo y tendido con DEPORTV, en la previa de lo que serán dos amistosos imperdibles ante Brasil (viernes y domingo) por esta pantalla. “Trato de disfrutar cada momento. Siempre lo hice. Pero, tal vez, ahora es más especial porque estoy en una etapa en la que de a poco iré dejando de lado el vóley para formar mi vida… No el vóley en general  sino más que nada a nivel selección. Va a ser mi último ciclo… Seguramente lo termine, pero no lo sé del todo, voy a ir viendo, año a año”.



- ¿Ya lo tenés decidido?
 - Sí. Después de los Juegos Olímpicos había hablado con Guillermo (Orduna), le dije que quería parar un tiempo, pero  él me convenció de que siguiera un poco más. Y se lo agradezco realmente, por todo lo que estamos viviendo, es increíble. La idea es jugar todo el ciclo olímpico, sería ideal poder clasificar y retirarme en los Juegos, ja. Tengo el deseo de empezar a formar un poco más mi vida, jugando solo a nivel clubes.

- ¿Y cuál es tu idea  a futuro?
- Hace cuatro años que estoy en Brasil (Rio do Sul primero, luego Pinheiros y Sao Caetano ahora) y mi intención es seguir en la Súper Liga, es una competición de gran nivel. Y después iré viendo, seguramente siga ligada a este deporte, no como entrenadora, no me veo, pero sí tal vez cerca de las jugadoras, brindando mi experiencia. Para eso falta mucho igual, de todos modos Guille ya sabe que puede contar conmigo.
 

Sosa ya lleva siete años jugando en la Selección y en este último tiempo se convirtió en referente/capitana, junto a Yamila Nizetich y Tatiana Rizzo. “Me llamaron por primera vez cuando estaba en Boca. A veces pienso ‘cómo pasó todo tan rápido’. Hoy me toca ser una de las ‘viejitas’ (risas) que marca el rumbo a las más chicas. Que me tomen como referente, de verdad, es muy gratificante. Lo bueno es que en estos últimos años Las Panteras consiguieron dar un salto importante y las juveniles vienen con unas ganas tremendas de seguir creciendo y ese contagio está buenísimo”.

- Vivís y jugás hace cuatro años en Brasil, ¿es un condimento más para estos clásicos?
- Totalmente. Siempre es especial jugar contra Brasil y en mi caso, además, es enfrentar a muchas conocidas. Por ejemplo, tres jugadoras que fueron compañeras mías el año pasado van a estar en Chaco y a las demás las conozco a casi todas. Lo bueno es que estos partidos contra grandes rivales nos sirven para seguir creciendo. Antes quizás jugábamos Sudamericano o Copa Panamericana y ya está. Hoy viajamos por todo el mundo con el Grand Prix…  El año que viene está casi confirmado que pasamos al Grupo 1, donde son todas potencias. Es muy beneficioso.  



- Lo bueno es que en el norte vas a ser más local aún… ¿Esperás a tu familia?
- ¡Sí!, va a estar buenísimo. Ahí van a poder ir todos a verme, como hicieron en los Juegos Olímpicos de Río, ja. Me contaban que se están organizando con autos y camionetas de familiares y amigos para ir a Chaco, están a dos horas y media de casa, la mayoría viene de Formosa capital. Encima el domingo jugamos en Villa Ángela, donde vive mi tía, hermana de mi mamá, así que van a parar en su casa… Va a ser re lindo. Yo siento una gran emoción cada vez que jugamos en Argentina. Salir a la cancha, escuchar el himno, el aliento de la gente... Yo me la paso todo el partido con piel de gallina. Y encima con mi familia ahí...

No solo son los labios, ahora toda la cara de Mimí sonríe. Las palabras familia, tierra, orígenes la sacuden, sin duda. Por algo lleva tatuada la frase wichi en la piel: “Otetsel ta n’am talakis”. “Mi historia, mis raíces”.

“Cuando yo tenía 8 años mi mamá se fue a trabajar a Lote 1, una comunidad wichi que está ubicada al oeste de la provincia de Formosa, a 300 km de Las Lomitas, la ciudad donde me crié. Le pedí  a mi mamá que convenciera a mi papá para poder irme, no quería estar lejos de ella. Y así fue. Al poco tiempo él pidió el traslado y toda mi familia pasó a vivir ahí. Fueron seis años inolvidables, una infancia increíble. Hoy cierro los ojos y me imagino cuando corría en las canchas de tierra… Jugaba a la pelota, siempre fui re futbolera como mi papá, hacía atletismo, y las tardes eran todas del vóley… Es un lugar que me regalaba mucha paz”.



“Viajaba diez quilómetros en bicicleta hasta el colegio. Era tanto el silencio de la siesta que me daba miedo, por eso pedaleaba más y más fuerte. Pero siempre aparecía algún vecino, o chicos de otras escuelas que me acompañaban y me cuidaban. Mi tatuaje, mi festejo cuando bloqueo, son una humilde manera de devolverles a los wichis un poco de lo mucho que me dieron”.


- ¿Seguís en contacto con la gente de Lote 1?
- Sí, a través de mi mamá. Ella no ejerce más como maestra, pero sigue en Formosa y siempre está muy ligada a las comunidades aborígenes, ayudando junto a la iglesia principalmente. Ella me muestra mensajes de los chicos, de mis vecinos… Las ganas de ir a visitarlos son muchas, pero hoy por hoy no me dan los tiempos. Ya se van a dar las condiciones. 

La charla va llegando a su fin. Y la consulta va por el lado de la actualidad de Las Panteras, en una época de mucho recambio. "Las jugadoras jóvenes están siendo mayoría en el plantel. Eso es bueno porque significa que hay material para los años que vienen. Siempre es un desafío contar con nuevas compañeras, en mi caso, por ejemplo, como atacante, me gusta la idea de conocerme cada día más con armadoras como Clarisa (Sagardía) o Helena (Vidal), después de haberlo hecho un montón de años con Yael (Castiglione). Es una constante evolución y eso te hace crecer tanto a nivel individual como grupal. Vamos por buen camino.                                  
 

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