#GraciasManu: LAS SENSACIONES TRAS EL RETIRO DEL MÁS GRANDE DE TODOS LOS TIEMPOS

Manu Ginóbili, el hombre que construyó su propia leyenda

27 de agosto de 2018 - 19:43 hs  |  Por Julián Mozo

Tras 23 años de carrera, Manu Ginóbili comunicó a través de un simple tuit su decisión de retirarse del básquet. Un simple y humilde tuit que se convirtió en tendencia mundial, fiel reflejo de la trayectoria del bahiense. Así, uno de los más grandes deportistas de la historia argentina da paso a la leyenda. 
Y un día se retiró.

Se fue. Lo hizo fiel a su estilo, luego de mucho meditarlo como manda su historia de decisiones, y con un tweet en voz baja, sin estridencias, para no llamar la atención, dejando que su legado hable, más que sus propias palabras…

Parece mentira, cuesta asimilarlo, pero hay que empezar a aceptarlo: Manu no jugará más y nosotros, los amantes del deporte (y los que no lo son tanto), no disfrutaremos más de un basquetbolista único, de alguien que no se pareció a ningún otro, que rompió el molde, que dejó un legado para la historia en una liga que hasta hace 20 años era de marcianos para nosotros, un pibe que nos inspiró y emocionó y que, en una época difícil, nos hizo sentir orgullo de ser argentino.

Se retira alguien que cada noche que jugaba nos obligaba a prender la tele porque sabíamos que algo especial podía pasar, que algo más nos podía regalar. Incluso ahora cuando ya había superado los 40 y seguía siendo importante en la mejor liga del mundo a una edad en la que algunos ya son abuelos.

Podía ser una asistencia mágica, una faja, un caño, un triple ganador, un robo clave, una tapa agónica. Algo. Siempre para el equipo, siempre para ganar. Manu sacaba algo de la galera y nos cautivaba. Por eso había que quedarse prendido a la TV hasta el final, aunque fuera de madrugada y al otro día nos iba a costar despegar para ir al trabajo.





Y ahora, que magnetismo ya no estará más... ¿Estamos preparados los argentinos para una NBA sin el 20 de los Spurs? Como pasó con Michael Jordan y los estadounidenses sucederá con Manu y los argentinos. Ya nada será lo mismo: se fue uno de esos deportistas que rompen el molde y salen una vez cada muchos años.

Duele. Claro que duele. Porque Manu lucía interminable y a uno le parecía que este momento nunca llegaría. Pero un día llegó. Y este bahiense, fiel a sus valores y pensamientos, a ese estilo patentado de corazón caliente y mente fría, puso todo en la balanza y decidió ponerle fin a su inmaculada carrera. No le importó que la mayoría le dijera que debía continuar, que los compañeros y entrenadores pidieran por su regreso, que toda la NBA clamara por otra temporada, que su cuerpo y nivel deportivo le susurraran “una más”…

Pero Manu siempre fue así, elevado para todo, mucho mejor que casi todos los mortales incluso para tomar decisiones. Por eso, si él dice basta, debe estar bien, seguramente es la mejor decisión y desde acá, la aplaudimos.

Se va Manu. Y se retira un jugador único que ni siquiera nació predestinado a ser figura, pero que igualmente llegó a convertirse en una estrella mundial. Alguien que fue cortado de una selección bahiense a los 15 años, que recién llegó a la Selección mayor a los 21 y ganó su primer título a los 22… Nada lo tuvo. Ni a él, ni a su construcción.






Porque Manu fue eso, una construcción, un chico que nació con talentos, sí, pero que sobre todo tuvo la mentalidad, inteligencia, sacrificio y determinación para trabajar cada día en mejorar los otros talentos, los que no tenía tan desarrollados. Por eso "El Señor de los Talentos" es el nombre que decidí para mi libro. Porque ese, seguramente, será con el tiempo su mayor legado, simplemente porque es lo que cualquier hijo de vecino puede copiar y trasladar al difícil día día de su vida cotidiana.
 
Se retira un jugador que nadie en la NBA (salvo RC Buford y Gregg Popvich) sabía quién era cuando los Spurs lo eligieron en el puesto 57 del draft de 1999 pero hoy, casi dos décadas después, todos tenemos la certeza que en pocos años lo veremos en el Salón de la Fama. En el Salón de la Fama del básquet estadounidense, a ver si entendemos de qué se trata…
 
Se retira un jugador que dejó un legado que va mucho más allá de números, récords, premios, elecciones y hasta títulos... Estamos hablando de alguien que cambió cabezas, que fue clave para modificar la cultura del básquet en su meca, Estados Unidos.

No hay un solo motivo, aunque hay uno que flamea en lo más alto como su bandera: haber aceptado ser Sexto Hombre cuando era una superestrella. Nadie hasta 2007 había aceptado ser suplente siendo tan bueno (Manu había estado a un voto de ser MVP de una final en 2005). En un NBA bien enfocada a vender nombres y figuras por el mundo, con un show creciente y cada día más enfocado en la individualidad, nadie quería perderse las luces, las ovaciones y las presentaciones de los quintetos titulares. Todos querían ser nombrados ahí, era un privilegio el solo hecho de ser titular.

Hasta que alguien pudo domar su ego y mostró otro camino. "Si es lo mejor para el equipo, lo acepto. Es más importante quien termina los partidos", reconoció Manu luego de los cónclaves con Popovich. Eso, en un ambiente casi circense, eminentemente egoísta, sobrepasado de egos, avasallado por adulaciones y con millones sobrevolando, fue agua en el desierto. Y para San Antonio, una mina de oro, porque la visión de Pop se hizo realidad y, con ese rol, Manu se hizo un nombre que quedará en la historia y fue clave en los siguientes dos títulos de los Spurs. Un ejemplo, sobre todo, que dejó un legado: luego muchas figuras abrazaron esa función, sabiendo que no era un desmérito ni una bajeza, que se podían ganar partidos (y fama) de esa forma. Y, a la vez, jerarquizó un galardón que hasta ahí lucía como menor.





¿A quién le quedan dudas de que el premio al Mejor Sexto Hombre debería pasar a llamarse Manu Ginóbili? 
 
Se retira, además, un jugador de básquet que rompió el molde. Manu no necesitó nunca hacer muchos puntos, tomar tantos rebotes ni acumular asistencias. Te ganaba haciendo pequeñas grandes cosas, en momentos decisivos. Podía ser un triple, un rebote, un robo, una asistencia o una tapa (como aquella mítica a Harden). Un  jugador que se esforzó y destacó en ambos costados de la cancha. Y esto es mucho más difícil hacerlo que proclamarlo, como hacen algunos.

Un jugador que, siendo blanco, fue atlético pero también pensante. Que podía anotar pero también manejar el juego con su mente. Capaz de hacer la acción más lujosa pero también de tirarse al piso por un balón suelto, arriesgando su físico por el equipo. Un jugador inteligente y lúcido como pocos, capaz de anotar como un goleador en su prime y de pasarla como el mejor base cuando pasaron los años.

Un creador constante: fajas, caños, pases picados de 5 metros, vivezas criollas para forzar faltas, el adaptado Lazo de Bodiroga y, claro, el Eurostep, uno de los mejores movimientos de la historia, que debería pasar a llamarse ManuStep porque él fue quien lo pulió y patentó, y que hoy usan casi todos.


 

Se retira, para que se tome dimensión, quien se debate hoy si está entre los 5 o los 10 mejores escoltas de la historia NBA. Michael Jordan, Kobe Bryant, Jerry West y Dwyane Wade sólo aparecen claramente por encima del bahiense. Con el resto pelea palmo a palmo. La dificultad, quizá, esté en la comparación, más que nunca porque hablamos de Manu. El 20 no se parece a ningún otro de los competidores por estar en ese Top 10 (Drexler, Iverson, McGrady, Reggie Miller, James Harden o Ray Allen). 

Todos ellos seguramente tuvieron mejores números que MG, sobre todo por una superior capacidad anotadora y hasta algunos pudieron ser mejores jugadores individualmente, pero ninguno fue tan completo como Manu y, sobre todo, impactó tanto en sus compañeros o en los resultados de equipos y temporadas. Porque acá hay que tomar muchas otras cosas…
 
En Manu se retira un líder único que hizo mejores a sus compañeros, dentro y fuera de la cancha. Un maestro que enseñó, cada día, hablando poco y haciendo mucho. Un compañero especial, capaz de ir a la guerra con sus hermanos de camisetas, sin permitir críticas hacia ellos ni en un asado. Un jugador que respetó a cada entrenador.

Es cierto, tuvo cracks en esos puestos, en el país y afuera, maestros que le dejaron mucho, pero Ginóbili, lo dicen todos, tuvo un enorme respeto por la investidura y conocimientos de cada uno. Nunca una pelea pública, ni una confrontación. Una de las estrellas más “coacheables” que se conozca.

Se retira un jugador que se hizo mito no sólo por lo que hizo, sino por CÓMO lo hizo. Y eso cautivó (y emocionó) a millones. A nosotros, los argentinos, por supuesto, porque lo que hizo con la celeste y blanca fue mágico, pero también en el mundo. Hablamos de un ídolo sin fronteras que inspiró a millones. Como pasó, por caso en San Antonio, donde impactó desde el primer día a una comunidad dominada por la extracción latina (58%) pero sobre todo por laburantes que vieron en Ginóbili, una figura-obrero, ese espejo que los inspiraba día a día en sus trabajos. Por eso, al año de llegar, la 20 era la camiseta más vendida y las banderas argentinas se multiplicaban en el estadio.



También hablamos de un jugador que cautivó mucho más que a los hinchas. También fue espejo para colegas más jóvenes. Harden, D'Angelo Russell y Gordon Hayward (juega con la 20 por MG) son algunos de los que reconocieron públicamente que lo tuvieron como referente. Impacta que chicos estadounidenses, quienes podían tener otros ídolos más talentosos y dominantes, y de su país, (Kobe, LeBron, Iverson, entre otros), lo eligieran a él como espejo. Eso habla por sí solo del impacto que logró Gino.
 
Se retira un jugador que logró disimular la baja de sus prestaciones físicas para seguir siendo decisivo en la NBA hasta los 40 años. Un hito pocas veces visto en un blanco. Trabajó en su juego, hizo un click en su cabeza y potenció el conocimiento del juego. Dicen que nadie ha vencido a la Madre Naturaleza, que el paso del tiempo les ganó a todos, incluyendo a Michael Jordan. Sin embargo, parece que con Manu ha hecho una salvedad. O al menos le permitió un empate en esa contienda siempre desigual... Claro que se notó el paso del tiempo en Ginóbili, pero pocos pudieron disimularlo mejor, permaneciendo importante en un equipo de punta de la mejor liga del mundo hasta los 40.
 
Se retira un jugador que, en un deporte dominado por las estadísticas, nunca le interesaron. Tanto que en 2009, cuando le quedaba un rebote para un triple doble en Minnesota, Pop le dijo si quería volver a la cancha con 5 minutos por jugar. Y Manu le respondió que no. Su única meta fue siempre GANAR.
 
Se retira un jugador que, pese a lo que dicen las malas lenguas, supo resignar dinero por el bien común. Cuando decidió ser suplente supo que perdería dinero. Y, cuando los Spurs le pidieron bajar sus salarios para mantener equipos candidatos, también lo hizo. La plata nunca estuvo primero. Sí la GLORIA.


Se retira un jugador con una mentalidad a prueba de todo, que le permitió ponerse objetivos, planificarlos y alcanzarlos. Un animal competitivo que, Pop y varios otros, compararon con Jordan en ese aspecto. Un instinto que hasta Manu logró domar. En sus primeros años coleccionó lesiones por sobreutilizar su físico pero fue aprendiendo hasta saber cuándo ir y cuándo no ponerlo en juego. Hablamos además de una persona especial, madura desde joven y muy preparada. Capaz de leer (y aprender) de Filosofía, Historia, Economía, Negocios o hasta Algebra. Pensar que Adrián Paenza le enviaba los borradores de sus libros de matemática antes de publicarlos. Para que los viera y le des su opinión. Así es Manu, lleno de intereses e inquietudes, una mente distinta, abierta, pensante, virtudes que seguramente le sirvieron para ser mejor compañero y jugador, aunque algunos crean que una cosa no se complementa con la otra.




Se retira, además, un caballero del deporte. Hoy, nada menos, cuando muchos son capaz de hacer cualquier cosa para ganar. Manu no sólo dio el ejemplo con la palabra, con sus declaraciones y valoraciones de compañeros y rivales. Lo dio en la cancha. A veces los números no dicen mucho pero, a veces, dicen todo. Manu, por caso, jugó 16 temporadas en la #NBA. Disputó 1.275 partidos. Ganó 4 títulos. Y no le cobraron un solo foul flagrante. Y cuando se lo hicieron a él, nunca se enojó. Ni quiso pelear. Se levantó y fue a tirar los libres. Su autocontrol y deportividad también han sido algo a imitar. Para padres (protestones) e hijos.
 
Se retira alguien que vivió en un perfil subterráneo, que se mostró incómodo cuando se lo mostró como figura. Manu nunca quiso atraer la atención o que los reconocimientos individuales eclipsaran los colectivos. Por eso, quizá, de algiuna manera, también evitó esta última temporada, para no ser objeto de permanentes despedidas.

Se retira alguien que siempre ubicó las cosas donde correspondían. Una cosa es el deporte y otra, la vida, los afectos, lo único verdaderamente importante. "Esto de ser recordado está sobrevaluado. Yo quiero ser recordado por mis hijos, por ser un buen padre". El mensaje y los hechos. Todo alineado.
 
Se retira alguien que comenzó, transitó y terminó su carrera (de 24 años) con los mismos valores. Y eso es algo que podemos decir de muuuuy pocas personas en el mundo, sean deportistas o no. Un verdadero ejemplo para atesorar y mostrar a nuestros hijos y nietos.
 
Se retira Manu.

Desde acá, simplemente GRACIAS.
Por las emociones, los momentos, las enseñanzas y los aprendizajes.


Por Julián Mozo
En Twitter: @Julián Mozo

Comentarista de #NBAenDEPORTV y autor del libro "El Señor de los Talentos"



 

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