EL DEPORTE COMO POLÍTICA DE ESTADO

Los Juegos Nacionales Evita, un camino infinito

21 de julio de 2020 - 12:06 hs  |  Por Luty Gargini

Al recorrer la historia de estos campeonatos podemos identificar la importancia de su creación. Con una mirada humanista e integral, ampliaron las dimensiones de la práctica deportiva y pusieron de manifiesto como nunca la importancia de su rol socializador e integrador.
La Convención sobre los Derechos del Niño, firmada en 1989, especifica en su artículo 31 que los Estados integrantes tienen el deber de respetar y promover el derecho de los niños y las niñas a participar plenamente en la vida cultural y artística, propiciando la igualdad de oportunidades. También sostiene que el juego, la recreación y el deporte, son formas muy poderosas para fomentar la integración y la inclusión. Esas herramientas, según UNICEF, “fortalecen el organismo y evitan las enfermedades, favorecen los procesos de aprendizaje, reducen los síntomas del estrés y la depresión, mejoran la autoestima, previenen el tabaquismo y el consumo de drogas ilícitas y reducen la delincuencia”.
 
Más de cuatro décadas antes de la firma de aquel tratado, se realizaban en Argentina los primeros Juegos Nacionales Evita: una política deportiva de Estado con preceptos innovadores para la época, basada en el desarrollo integral de la niñez y la juventud, y con foco en el federalismo y la protección temprana de la salud. El evento apuntaba también a tejer alianzas con los clubes barriales e instituciones deportivas sociales para que, con su territorialidad e infraestructura, comenzaran a ser los espacios donde se gestaban los equipos. Y funcionó. De esta mancomunión surgieron cuadros que trascendieron aquellos campeonatos, permanecieron en el tiempo y consiguieron llegar a las competencias oficiales de la Asociación del Fútbol Argentino, como Sacachispas o Atlas.

 
 "En la Argentina, los únicos privilegiados son los niños". Tapa de la revista Mundo Infantil, 1951. 


La historia de los Juegos Evita tiene su inicio en 1948, con el primer Campeonato Infantil de fútbol del que participaron decenas de miles de niños del área metropolitana. Una comisión nombrada por Eva Perón – que en ese mismo año introdujo también en la escena política a su Fundación de Asistencia Social – se hizo cargo del diseño y la organización. Desde esa área, presidida por el entonces Ministro de Hacienda Ramón Cereijo e integrada por los periodistas Eduardo Pellicciari, Emilio Rubio y Américo Barrios; el árbitro de fútbol Bartolomé Macías y el presidente de Racing César Paillot, se dio el primer paso para este emprendimiento. En tanto, Ramón Carrillo - responsable de la Secretaría de Salud – fue designado para articular los controles sanitarios pertinentes y su implementación, a fin de preservar a todos los participantes.
 
Con más de 15 mil jugadores de entre 11 y 14 años provenientes de Capital Federal y Gran Buenos Aires, este evento fue el germen de los Campeonatos de Fútbol Infantil Evita, estrenados en 1949 de una manera mucho más federal y con 100 mil chicos en las canchas: los torneos se disputaban de octubre a diciembre en cada provincia y de allí salían los equipos ganadores que, entre febrero y marzo del año siguiente, se medían en la ronda final en la ciudad de Buenos Aires.
 
Fueron dos las ediciones que se llevaron a cabo con esta modalidad, hasta que en 1951 se incorporaron más disciplinas deportivas, entre ellas el básquet, la natación, el atletismo y el ajedrez. Pero el paso más importante ocurrió en 1953, cuando las niñas dejaron de ser marginadas y fueron incluidas en la competencia. Además, se tomó la decisión de crear un nuevo torneo, pensado para adolescentes de 16 y 17 años, llamado Campeonatos Juveniles Juan Perón. En la temporada ’52-’53 hubo más de 163 mil inscripciones a lo largo y a lo ancho del país y, si bien el porcentaje de mujeres fue bajo (7 mil quinientas, es decir un 4.6%), en la siguiente edición aumentó al 7.4%.
 
En 1955, a partir del derrocamiento de Perón, los Juegos fueron suspendidos. Así se mantuvieron hasta su vuelta a la presidencia en 1973, época en la que se retomó esporádicamente la competencia, interrumpida nuevamente en 1976 por la dictadura cívico-militar. Desde ese momento y hasta 2004 no hubo noticias de este proyecto, que había arrojado resultados muy positivos para la salud de la niñez y la adolescencia, y por el cual habían pasado varios jugadores que con el tiempo harían historia en nuestro fútbol. Entre ellos se encontraban Diego Maradona, José Yudica, César Menotti, Carlos Bilardo, José Sanfilippo, Silvio Marzolini, Antonio Rattín, Enrique Sívori, Antonio Angelillo, Vladislao Cap, Jorge Griffa, Roberto Puppo, Alberto Rendo y Roberto Saporiti.

“Socorre al caído. Sé indulgente con tu compañero desafortunado. Porque tendrás más gloria por un buen gesto que por un triunfo”, decía la Comisión Directiva a los participantes del Campeonato de 1951. En la foto de arriba, tomada en la misma competencia 23 años después, Diego Maradona consuela a un jugador de Corrientes tras perder la final contra Entre Ríos.
 
En el año 2003, a poco de haber asumido como presidente, Néstor Kirchner decide – por decreto – retomar aquella política y recuperar el derecho de niños, niñas y jóvenes al deporte y la recreación. Fue así como, en 2004, se disputaron los primeros Juegos Nacionales Evita de esta nueva era: participantes Sub 14 de 24 provincias diferentes compitieron en básquet, ajedrez, atletismo, fútbol, vóley y – por primera vez en el certamen – atletismo adaptado. Para la siguiente edición, un año después, la cantidad de inscriptos e inscriptas llegó a 500 mil y se agregó la categoría Sub 16.
 
Rescatando lo expresado en la Convención sobre los Derechos del Niño respecto a fomentar la participación de la población más joven en todas las esferas sociales, y en articulación con el Ministerio de Desarrollo y la Secretaría de Cultura de la Nación, en 2006 se incorporaron en el programa actividades artísticas y culturales. Además, se habilitó la competencia en modalidad escolar y comenzó a allanarse el camino para que en 2007 se sumaran también los y las jóvenes Sub 18.
 
El crecimiento en importancia del deporte como herramienta de socialización derivó en la construcción de un Plan Nacional que, en 2008 convirtió a los Juegos Evita en ley y sumó a los adultos/as mayores con disciplinas propias: newcom, tejo, tenis de mesa, sapo y ajedrez.
 
El récord de participación tocó su primer pico histórico en 2010, con un millón de inscriptos/as en total, un fenómeno que fue en aumento junto con la cantidad de deportes en competencia: de 2012 a 2015 se estrenaron más de 20 disciplinas. En la actualidad ya son 32 en la modalidad tradicional, 7 en la modalidad adaptada y 5 en adultos mayores.
 
Celina Di Santo, jugadora de Las Leonas, habla sobre su paso por los Juegos Evita.
 
El impacto de este certamen se ve reflejado también en su efecto como semillero del deporte. Varios atletas que fueron medalla en los Juegos de la Juventud, pasaron unos años antes por los Juegos Evita, entre ellos Nazareno Sasia y Agustín Osorio de atletismo; Sofía Acevedo de básquet 3x3; y Celina Di Santo, Sofía Ramallo y Facundo Zárate de hockey.

Pero, sin dudas, uno de los grandes emblemas de nuestro deporte con paso por los Evita, fue Braian Toledo. El lanzador de jabalina, fallecido tágicamente en febrero de este año, supo imprimir la idiosincracia de los Juegos en su propia carrera, ya que no solo puso en lo más alto al atletismo nacional, sino que además se dedicó a ayudar a los y las que – como él – sufrían la desigualdad de oportunidades: en 2019 se supo que destinaba una parte de sus ingresos a asistir a familias vulnerabilizadas, repartiendo bolsones de ropa y comida en su auto junto a su novia.
 
Hay una frase popular que dice que soñar no cuesta nada. Un mandato que, a veces, puede sonar falaz, ya que se necesitan más de un recurso – empezando por la salud y la educación – para construir un deseo, sentirlo real y atreverse a perseguirlo. Por eso, a pesar de su repentino final, la historia de Braian fue una muestra de que las brechas se pueden achicar cuando se brindan derechos y posibilidades. Sobre todo, si se empieza por sembrar horizontes cercanos de realización para los niños, las niñas y la juventud.
 
Seremos deportistas de todo corazón, para formar la nueva y gran generación. Si ganamos o perdemos, no ofendemos al rival. Si ganamos o perdemos, mantenemos la moral” decía el himno de los primeros Campeonatos Nacionales. Retomando esos principios, sorteadas las discusiones de época que decían que los Juegos perseguían un fin adoctrinador, y recuperando el espíritu que los identificó en todas sus etapas históricas, llegamos a una de las últimas frases que dejó Braian Toledo.

Durante los Juegos de la Juventud Buenos Aires 2018, le dijo a los y las atletas más jóvenes: “Ser campeón no es ganar una medalla nada más. Ser campeón es superarse día a día, ponerse desafíos y superarse. A veces el campeón sale octavo. Todos tenemos una cuota de campeonismo”. El deporte, cuando genera posibilidades, es una herramienta infinita.

 
 

Buscar

V
BUSCAR