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Estefanía "Pepi" Piazza: "En diez años nos imagino celebrando que nuestras luchas no fueron en vano"

20 de agosto de 2020 - 12:02 hs  |  Por Luty Gargini

Nació en Rosario, ciudad futbolera si las hay en nuestro país. Sin embargo, en sus inicios, ni el Canalla ni Newell’s le daban lugar al fútbol femenino. Hoy es una de las mediocampistas de Racing Club y, además, preparadora física de la reserva y entrenadora de la Sub 14 y la Sub 16. Como la enorme mayoría de sus colegas, tuvo que rebuscárselas para poder practicar el deporte que ama y dedicarse a él. De todo eso hablamos con ella.
Foto: Camila Ramenzoni

Foto: Camila Ramenzoni

Estefanía “Pepi” Piazza nació en Rosario, Santa Fe. Conoce la pasión por el fútbol desde que tiene memoria y su talento la apuntaló en ese sentido. Como muchísimas otras nenas, no pudo formarse fuertemente en sus edades tempranas, algo que en los últimos tiempos está cambiando de a poco, gracias al empuje de las jugadoras argentinas por conseguir que su trabajo se profesionalice cada vez más.

Hay una historia que se escucha reiteradamente entre las futbolistas: como de pequeñas no pueden acceder al fútbol (la actividad que verdaderamente les gusta) ingresan al mundo deportivo por la puerta de una disciplina más “aceptada” para las mujeres. Y este también fue el caso de Pepi: comenzó jugando al hockey en el Club Gimnasia y Esgrima de su ciudad.

Tiempo después, la institución abrió una escuelita de fútbol. Practicó las dos disciplinas allí simultáneamente hasta que, tras doce meses, optó por dedicarse exclusivamente a su verdadero amor. Jugó un tiempo para Social Lux, uno de los primeros semilleros del fútbol femenino en su ciudad, y en ese paso pudo mostrar sus capacidades que le abrieron las puertas de Buenos Aires.

Debutó en Primera División con UAI Urquiza, luego se puso la de Platense y actualmente juega para Racing Club. Su DT en la Academia, Antonio “Tano” Spinelli, le ofreció incorporarse al cuerpo técnico de la Sub 16 femenina como preparadora física. Por su amor al fútbol y a la docencia para la que se había formado, aceptó.

Con ella dentro del cuerpo técnico, el plantel juvenil se quedó en 2019 con el primer puesto de la Liga Femenina, organizada por Desarrollo AFA y CONMEBOL. Además, clasificaron al Sudamericano que se disputó a principios de este año. Hoy, Pepi es PF de la reserva racinguista y entrenadora de las categorías Sub 14 y Sub 16.

Mientras atraviesa la cuarentena en Rosario, en contacto con su club y sus compañeras y planificando lo que vendrá, charlamos con ella sobre la realidad del fútbol femenino en las provincias, qué implica poder construir una identidad como futbolista y su responsabilidad a la hora formar a las próximas generaciones.




¿Cuándo te sentiste futbolista, con todo lo que eso implica, por primera vez?

La primera vez que sentí esos aires del “ser futbolista”, fue cuando ingresamos a jugar en el Cilindro contra Villa San Carlos. El acompañamiento de la institución puntualmente en ese partido, el aliento de todos y todas las hinchas, gritar un gol y que resuene en todo el estadio, los medios transmitiendo y, por supuesto, el dato de color de la gente que asistió ese día para apoyar este fútbol que estamos construyendo. En otro momento tuve la posibilidad de jugar en el Cilindro, un preliminar del clásico pero - sin desmerecer las sensaciones de aquel encuentro ante 40 mil personas y dando vuelta un partido nada más y nada menos que contra Independiente – contra VSC se percibió que, además, se apoyaba el hecho de que habiliten los estadios principales para nosotras. Circulaba el deseo de que el fútbol sea completamente profesional, disidente y feminista.
 
¿Pasaste por situaciones en las que te sentiste discriminada por ser mujer y futbolista? ¿Tenés algún recuerdo o reflexión sobre esos momentos?

Si, muchísimos. Quizá los que tengo más presentes tienen que ver con el hecho de naturalizar que una niña le pegue a la pelota y notar la “sorpresa” por parte de la sociedad ante esa acción. También la típica “¡Mirá… juega como un pibe!”.
 
¿Alguna vez pensaste en abandonar el fútbol por las dificultades que conlleva ser jugadora de fútbol en nuestro país?

No, nunca pensé en abandonarlo, pero sí siento mucho desgaste por dichas situaciones. Y ese gasto de energía a veces te hace replantearte muchas cosas.
 
Como rosarina, ¿tenés alguna idea sobre cómo podría potenciarse un fútbol más federal?

Justamente, al ser oriunda de la ciudad y no tener competición, tuve la necesidad como tantas otras jugadoras de irme de mi casa para poder conseguir ese roce. Así que, en el momento en el que en Rosario decidieron iniciar la Liga, yo ya estaba compitiendo en Buenos Aires. Pero creo que todos los clubes de las provincias deberían contar, no solamente con un torneo para las primeras categorías - con todo lo que implica un torneo bien organizado, competitivo, serio, profesional, con posibilidades de cruces interprovinciales entre campeonas, etc. - sino también con formación desde las bases, con categorías infantiles y juveniles. Es fundamental que existan espacios y condiciones donde la deportista esté contenida y acompañada, tanto en lo que respecta a las prácticas del día a día, como a la competición. La competencia es el único lugar donde la deportista experimenta situaciones que no te da ningún día de entrenamiento.

¿Cuáles fueron tus principales sensaciones al llegar a Buenos Aires? ¿Qué recuerdos tenés de esa experiencia?

Un recuerdo que me viene a la mente es la contención por parte de las pibas que en aquel entonces estaban en UAI Urquiza: Maca Sánchez, Flor Bonsegundo, Pau Ugarte, Romi Fontana, Karen Vénica. Ellas mismas me fueron a buscar a Retiro, me ofrecieron el departamento donde estaban viviendo mientras hacía la prueba para UAI, además de la comida, etc. Lo veo como una actitud de hermandad por saber que, la mayoría de nosotras, al no tener la posibilidad de competir en nuestras ciudades, tuvimos que partir para Buenos Aires para poder crecer. Por conocer el hecho de estar lejos de la familia siendo tan chica y las desprolijidades por parte de algunas instituciones ante estas pruebas. Eso es un lindo gesto que siempre voy a llevar conmigo, además del cambio futbolístico que me implicó empezar a tener la posibilidad de competencia que no tuve en Rosario e incorporarme a clubes que ya venían jugando torneos.
 
Ustedes en Racing conformaron un plantel que, en su gran mayoría, considera que jugar al fútbol es una lucha o una militancia, ¿por qué lo viven así? ¿Tratás de transmitirle esa idea a las generaciones que te toca entrenar?

No es casualidad estar en un club que nos acompaña en estas batallas: me encontré con compañeras que militan y comprenden que esta lucha nos atraviesa en nuestra vida y que nosotras mismas, como grupo, hacemos un puente junto a Racing para cambiar la estructura patriarcal que hace años se reproduce en el fútbol de Argentina. Gracias al movimiento del feminismo, a la valiente de Maca Sánchez, y a los tantos debates en el predio Tita Mattiussi, se hizo posible que esas estructuras tan sólidas comiencen a caerse, a cuestionarse, y obviamente, a correrse el velo de aquello que está tan instaurado. Eso mismo es lo que tratamos de transmitir a las que vienen, para dejarles el terreno allanado con espacios que nosotras no tuvimos y para que tengan la fuerza - pensando siempre desde lo colectivo por sobre lo individual - y la valentía para desnaturalizar cualquier tipo de violencia.
 
¿Cómo es ser jugadora y entrenadora al mismo tiempo? ¿Qué sentiste cuando te lo propusieron?

Es una hermosa fusión. Aprendo muchísimo con las juveniles. Más allá de mi rol como preparadora física y entrenadora, y todo lo que conlleva darles herramientas, conceptos y capacidades desde lo físico y lo técnico, siento que es un espacio en donde me nutro al observarlas: el talento y la soltura que despliegan por su juventud, me hace reflexionar muchísimas cosas sobre qué significa jugar al futbol. Además de ser una alegría y un premio a la profesión que elegí como docente, es  también un gran desafío, ya que a la par tenía que hacer mi carrera como futbolista. Y mirando un poco el recorrido que tuve, creo que me favoreció muchísimo aprender de ellas. También siento que es un lugar donde el club tiene que hacerse más fuerte y darle el acompañamiento necesario: por momentos me he sentido muy sola junto al Tano y a Caro por falta de más profesionales en la estructura. Y, si bien hay una gran proyección e incluso competimos internacionalmente gracias a estas categorías que se conformaron gracias a dicho proyecto, aún hay aspectos a mejorar. No tengo dudas de que Racing, siendo un club que en lo que respecta al masculino ha crecido gracias a esas proyecciones de jugadores del Tita al mundo, va a poder hacer foco en esas falencias para el crecimiento de la actividad femenina.

Foto: Prensa Racing Club 

 ¿Cómo te definirías como jugadora y cómo te definirías como DT?

No sé cómo contestar esto, pero sí voy a dejar algunas cosas que me caracterizan. Como jugadora soy una deportista que cree que, más allá de las virtudes, el entrenamiento es fundamental para la profesión, como así también las condiciones y el acompañamiento a dicha deportista. Me gusta mejorar aquello que me cuesta y potenciar aquello que siempre me destacó. Soy una persona bastante inquieta, y no me gusta conformarme. Quizás me paso al extremo de la autocrítica o la exigencia, pero me gusta siempre aprender algo nuevo, compartir con diferentes profesionales porque siento que ahí una puede construir cosas interesantes. Me gusta mucho la humildad de aquellos y aquellas que enseñan y me molesta muchísimo la soberbia. Y ni hablar de las faltas de condiciones o acompañamiento que nombre antes. ¿Cómo puede una futbolista crecer si no tiene las herramientas y el espacio a su disposición? Imposible. Como entrenadora, relacionando un poco lo anterior, trato de transmitirle a las jugadoras la mayor cantidad de conceptos que creo que, a la hora de tomar una decisión en la cancha, son importantes. Después, ellas son las protagonistas, ellas analizarán y en consecuencia decidirán qué hacer. Pero me parece que lo fundamental es la comprensión del juego y presentarles diversos escenarios para que vivencien diversas situaciones. También me divierte muchísimo entrenar con ellas, formar parte de algún ejercicio cuando lo creo necesario y que haya un clima de amor y disfrute por lo que hacemos. Además, siento un compromiso más allá de lo físico y lo técnico, que es tener una perspectiva de género para que ellas. Que sepan que hay violencias que tienen que terminar y que tenemos que estar preparadas para enfrentarlas y que se produzcan cambios en la sociedad.
 
¿En qué lugar personal y profesional te agarra este Día de la Futbolista? ¿La cuarentena y la suspensión del torneo te puso a reflexionar y repensar tus planes y proyectos?

El Día de la futbolista este año me agarra en Rosario, en medio de una pandemia y creo que no es casualidad. Metafóricamente, quizá, es hacer una pausa en mi juego para repensar algunos comportamientos. Uf… ya de por sí mi cabeza maquina muchísimo jajajaja. Imaginate en la cuarentena. Pero bueno, me sirvió para reflexionar muchas cosas sobre cómo quiero que sea mi carrera como futbolista, aunque hay muchas cosas que escapan de mi control. Hay otras que sí puedo modificar y hay algunas que están más vinculadas a estos cambios sociales que buscamos colectivamente.
 
¿Cómo te imaginás que va a ser el Día de la Futbolista dentro de un año y dentro de diez años?

Dentro de un año lo imagino con la totalidad de los planteles de todo el país exigiendo que el fútbol sea completamente profesional, disidente, federal y feminista, sin dar lugar a otra opción. Lo imagino como un compromiso colectivo y social que siento que hoy, por miedos y falta de este pensamiento colectivo por sobre lo individual, todavía falta. Y dentro de 10 años nos imagino celebrando que todas estas luchas no fueron en vano, con miles y miles de personas acompañándonos en los estadios y con el reconocimiento que hace años nos quitaron.

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