CONTENCIÓN Y PREVENCIÓN A FUTURO

El rol social del deporte: cómo resignificarlo durante el aislamiento obligatorio

1 de abril de 2020 - 13:29 hs  |  Luty Gargini

¿Qué pasa cuando la potencia del deporte para contener en territorios vulnerables no puede activarse porque el espacio público dejó de estar a disposición? Recogimos el testimonio de “La Nuestra” y “Las Pibas de Chaca”, dos equipos que se dedican a acompañar las realidades complejas de algunos barrios de la Ciudad de Buenos Aires a través del fútbol femenino.
Foto: Nadia Petrizzo

Foto: Nadia Petrizzo

Foto: Las Pibas de Chaca

Foto: Las Pibas de Chaca

El deporte, sustentado en su capacidad integradora, se ha instituido como un gran instrumento formativo y socializador. Esa capacidad para transformar vidas lo lleva, muchas veces, a romper los límites religiosos, políticos, económicos y segregadores de nuestra sociedad para funcionar como unificador y contenedor de situaciones de vulnerabilidad.

Una cancha chiquita en un barrio se convierte en un espacio infinito cuando, además de jugar, quienes participan de la actividad deportiva pueden también reflexionar, empoderarse y encontrar la oportunidad de ponerse objetivos y cumplirlos. ¿Qué pasa, entonces, cuando esa potencia para transgredir fronteras simbólicas no puede activarse porque el espacio público dejó de estar a disposición por el aislamiento social obligatorio? ¿Cómo se producen los encuentros y cómo se sostiene lo construido sin poder apelar al cara a cara?

Para eso, hablamos con “La Nuestra” y “Las Pibas de Chaca”, dos equipos que se dedican a acompañar las realidades complejas de algunos barrios de la Ciudad de Buenos Aires, usando al deporte como herramienta fundamental.
 
La Nuestra Fútbol Feminista es una asociación civil que surgió hace 13 años en la Villa 31. Somos un grupo de entrenadoras, talleristas, educadoras populares, trabajadoras sociales cuyo objetivo es cuestionar cómo los espacios del fútbol dejan muchas veces afuera a las mujeres y a las disidencias”, cuenta Juliana Román Lozano, una de las profes del espacio.

En esa canchita de Güemes se forjan personas, se forjan mujeres, se forjan futbolistas, con consciencia del rol que tienen dentro y fuera del campo de juego.“Tenemos una 'pata reflexiva' importante, buscamos combinar los entrenamientos con espacios de talleres donde siempre pensamos al deporte como un derecho”, continúa.


Foto: Nadia Petrizzo
Foto: Nadia Petrizzo

“Llevamos 13 años construyendo territorio, cancha, cuerpos, vínculos, lenguaje. Y para llevar eso adelante, la presencia es fundamental. Es un proyecto social que se nutre de los vínculos entre todas. Vernos, abrazarnos, jugar a la pelota. Es fundamentalmente físico y presencial, que es lo que justamente no se puede hacer en esta situación de aislamiento”, explica Mónica Santino, ideóloga y referente histórica de este espacio, diectora técnica, ex jugadora de River y All Boys.

Los entrenamientos de La Nuestra se frenaron con el anuncio de la suspensión de clases en todo el país. “Entendíamos que acompañar las medidas de gobierno nacional era fundamental en la perspectiva de que estamos eligiendo por la vida. Por el cuidado y por lo que significa la salud pública. Por todo eso, que tiene directamente que ver con nuestro proyecto, a pesar de que nos deje en un lugar paradójico”, reflexiona.

En otro punto de la ciudad de Buenos Aires, se gestan “Las pibas de Chaca”. Con menos recorrido, pero con la misma convicción respecto al potencial del deporte como camino para la inclusión, dos veces por semana un grupo de profes lleva adelante al equipo de fútbol femenino del barrio.

“Empezamos hace ya 4 años en el playón de Chacarita, a la vuelta de la estación de Federico Lacroze. Principalmente lo organizamos desde Casa Pueblo, que es un espacio de acompañamiento comunitario para personas con problemas de consumo problemático y de violencia de género”, nos cuenta Nadia González, su coordinadora.

El espacio público es lo que nuclea las acciones que llevan adelante estos dos proyectos de deporte social, pero como toda conquista, implica disputas.

“Empezamos luchando por el derecho a ocupar la cancha más importante de la 31 y por el derecho a ejercer ciudadanía a través del deporte. Fue un desafío grande poder cambiar todos los imaginarios y poder usar un espacio que se nos era negado por ser mujeres. Con una lucha literalmente cuerpo a cuerpo, ganamos territorio y nos consolidamos”, repasa Román Lozano.
 
Para “Las Pibas de Chaca” no fue sencillo tampoco, según relata Nadia. “Cuando arrancamos en el barrio había solamente una canchita, que está adentro. Los varones tenían asignados sus horarios de entrenamiento. Y nos costó mucho que entiendan que había un horario que les correspondía a las pibas”.

La pregunta que surge entonces es cómo sostener esos espacios físicos y simbólicos, en medio de un encierro social obligatorio. Desatender esas cuestiones puede traer consecuencias muy difíciles de reconstruir cuando pase la pandemia ya que, además de la ausencia de la práctica deportiva, muchas de las jugadoras tienen trabajos informales, y esta actualidad repercute directamente en sus economías y en su estabilidad.
 
Foto: Nadia Petrizzo

La Nuestra, según cuenta Mónica Santino, fue buscando la manera de contener. “¿Cómo sostenemos? Es un tiempo que nos tiene que poner creativas para pensar en otras formas, usando todo lo que conocemos tecnológicamente para estar comunicadas. Alcanzarles la información sobre el registro que el gobierno hace de las familias que no tienen ingresos o viven de changas. Que tengan las herramientas para poder inscribirse. También videos con ejercicios para que hagan en su casa y no perder el ritmo físico que traíamos. Y llamarnos. Llamarnos y hablar mucho”.

Y por el lado de “Las pibas de Chaca” pasa algo similar. “Obviamente todo lo que es entrenamiento lo suspendimos, como se está recomendando. Lo que estamos haciendo desde Casa Pueblo es tratar de fomentar que, en la medida de lo posible, la gente se quede en las casas y únicamente salga por las cuestiones mínimas”, explican.

Desde La Nuestra intentan que la actividad física se mantenga vigente, para que sus jugadoras puedan vivir la cuarentena desde otra perspectiva. Román Lozano explica que a las juveniles y mayores les mandan ejercicios para trabajar distintos grupos musculares y a las cadetas de 14 años, otros adaptados a su edad. "Para las más chiquititas buscamos hacerlo más interactivo, entonces les pedimos que mandaran un dibujo de lo que más extrañan y un videíto diciendo lo primero que van a hacer cuando regresemos a la cancha. Creo que es una manera de sentirnos juntas. En las villas el aislamiento muchas veces se convierte en una situación de hacinamiento y no es fácil, así que estamos siempre pendientes”.

El encierro forzado y las condiciones en que cada uno puede atravesarlo según su condición económica, sacaron a relucir las grandes desigualdades sociales y las complejidades que se viven en algunos grupos familiares 

“Lo que hacemos es tener una guardia mínima de atención para la gente que pueda llegar a tener alguna necesidad puntual o para asesorar sobre los trámites para acceder a los ingresos de emergencia que anunció el gobierno. Por otro lado, como organización política, trabajamos con merenderos en el barrio que siguen repartiendo viandas, procurando las condiciones de higiene y seguridad que corresponden para este contexto”, dice Nadia y subraya la vulnerabilidad a la que se exponen algunas de sus jugadoras. “Muchas viven en casas que no son lugares en los cuales vos te podés quedar adentro todo el tiempo. Hay distintas situaciones, obviamente, pero muchas viven sin las condiciones básicas de higiene y sanidad o en situaciones de violencia familiar muy grande. En la medida de lo posible vamos haciendo un acompañamiento y, en este momento, a la distancia porque no queda otra”.
 
Foto: Las Pibas de Chaca

El desafío ahora para quienes conducen estos espacios de deporte social es intentar planificar a futuro y pensar en cómo contener las consecuencias que traerá este aislamiento en la vida de sus jugadoras.
 
“Sabemos que es un barrio en el que no se puede cumplir la cuarentena al 100%, entonces estamos muy atentos a esas cosas. A que, más allá de que las chicas tengan que salir porque no les queda otra, ver que estén bien, preguntarles cómo están de salud, como la llevan en sus casas en general. Es una situación completamente nueva para todos y para todas, estamos viendo cómo podemos organizarlo para empezar después a trabajar”, explica la coordinadora de “Las Pibas de Chaca”.

“Nosotras como equipo estamos aprovechando para repensarnos, para hacer muchas reuniones virtuales. Se está escribiendo un mundo distinto en el cual yo creo que el deporte va a tener un lugar clave, sobre todo el deporte social. No el de los grandes campeonatos, sino el que tiene que ver con la cultura del encuentro. Y de cuidarnos en esa perspectiva, esperando que la cuarentena finalmente se levante y le hayamos ganado la batalla a una enfermedad difícil. Siempre sosteniendo, con momentos de flaqueza y otros un poco más fuertes, pero con la energía que significa un proyecto colectivo de estas características”, cierra Mónica Santino.

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