NUEVOS PARADIGMAS

Deporte mixto: un debate abierto sobre una realidad posible

11 de julio de 2020 - 20:47 hs  |  Por Luty Gargini

Desde los inicios de la formación escolar, el sistema impone históricamente la separación entre varones y mujeres para la práctica deportiva. Un paso más allá, al introducirnos en el ámbito profesionalizado o de alta competencia, se vuelve notorio cómo se le inyectan más recursos, atención mediática y capacitación a las ramas masculinas, marginando a las demás identidades. Sin embargo, de la mano de los avances sociales en cuestiones de género, se abren nuevas formas de abordar el deporte por fuera del biologicismo.
En los Juegos Olímpicos de Río 2016 se pusieron en juego 306 medallas de oro. De ese total, los hombres tuvieron la posibilidad de competir por 161, mientras que las mujeres disputaron 136. Las restantes 9 estuvieron destinadas a disciplinas mixtas: apenas el 2,93% del total.
 
Esta realidad de la alta competencia es un reflejo de lo que sucede a toda la escala: la actividad mixta ocupa un lugar absolutamente marginal en el gigantesco universo del deporte. La división sexogenérica funcionó durante décadas como un mandato intocable y la reproducción de esta estructuración desde las instituciones - a través de valoraciones morales, estéticas e incluso corporales - ha instalado que hay disciplinas que son para mujeres y otras que son para varones.
 
“Cuando yo era chico era anormal que una chica viniera después de gimnasia en la escuela a jugar a la pelota con nosotros. El hombre hacía fútbol o handball y la mujer, handball o vóley. No existía el fútbol como variante posible para las mujeres. Eso está cambiando, creo que vamos camino a la deconstrucción total. Al menos es lo que yo auguro”, expresa Antonio Spinelli, actual director técnico del plantel femenino de fútbol de Racing y ex entrenador de la Selección argentina de fútbol y diversidad, Los Dogos.

La mixidad en la actividad deportiva, impuesta tempranamente en nuestra sociedad, está dejando de ser una práctica imposible para volverse un camino hacia la equidad de género. Mientras las posturas que dividen a las disciplinas en “femeninas” y “masculinas” desde una mirada biologicista encuentran cada vez más cuestionamientos, la postura no binaria por la libertad de los cuerpos se presenta como una gran alternativa para fomentar la inclusión.
 
Pero el cambio de paradigma no puede darse sin una ruptura de las lógicas actuales de la docencia y el entrenamiento: tras un largo debate, el ISEF N° 1 Romero Brest - el Instituto de Educación Física más importante del país - decidió en 2019 que todas las cátedras de disciplinas deportivas se vuelvan mixtas. “Creo que esto sienta un precedente para el deporte que se viene”, reflexiona Helena Pipolo, egresada en 2018 que formó parte de la discusión para lograr la modificación de la currícula.
 
Desde su rol de docente, Pipolo resalta que “es fundamental la implementación de la Educación Sexual Integral para poder abordar las prácticas deportivas con perspectiva de género”. En ese sentido, la mixidad de la enseñanza serviría para tener una educación más igualitaria: “Al dividir las asignaturas según el sexo biológico estamos impidiendo el camino equitativo al conocimiento, privilegiando a una minoría. De esta manera se construyen formas socioculturales que definen al hombre como más fuerte y a la mujer como delicada, entre otras adjudicaciones. A su vez, esa clasificación dicotómica excluye a otras identidades como las personas trans o no binarias”, explica.


 
Una de los grandes argumentos en contra de las prácticas mixtas del deporte, es el que se ancla en lo biológico y supone una superioridad física del hombre sobre la mujer. En ese sentido Pablo Díaz, preparador físico del plantel femenino de fútbol de Rosario Central y autor de un programa de entrenamiento basado en el ciclo menstrual de las jugadoras, plantea que hay que tener una mirada histórica a la hora de comparar las cuestiones fisioanatómicas entre géneros.

“Muchas de las investigaciones antiguas que se utilizan para argumentar la superioridad masculina están basadas en una población femenina que tenía menos acceso a la práctica deportiva y, por eso, cargaban con un desarrollo motor muy inferior al de sus pares varones”, explica. Esa brecha escolar, cultural y de falta de acceso a determinados juegos se está achicando y, con ella, comienzan a cambiar los resultados científicos: “Hoy muchos artículos empiezan a encontrar que, a la hora de hablar de fuerza relativa, hay muy poca diferencia entre la mujer y el varón”.

Desde la experiencia de Spinelli, en tanto, las estructuras de los entrenamientos físicos y tácticos de disciplinas masculinas y femeninas son similares. Las diferencias aparecen en las relaciones interpersonales con el cuerpo técnico: “Culturalmente, los grupos humanos y deportivos masculinos tienen una dinámica distinta a los femeninos. Ni mejores ni peores, son diferentes porque contienen distintas problemáticas”, expresa.

En cuanto a la distinción en categorías sexogenéricas en el fútbol, Díaz considera que no debería darse nunca antes de los 12 años. “En etapa infantil, la división debería ser primero por edades biológicas o madurativas, independientemente del género o sexo, y luego por habilidades, en caso de que se trate de una institución de alto rendimiento o carrera deportiva. En esas etapas no hay más diferencia que la cultural, es ilógico separarlos”, dice.

Spinelli, por su parte, agrega que en Europa comienza a ser habitual el fútbol mixto, al menos para los primeros años formativos: “Yo creo que es una posibilidad para estudiar, planificar, reglamentar y estructurar acá. Hay que seguir rompiendo barreras y prejuicios”.

En contraposición a la dicotomía sexual para separar las disciplinas deportivas, existe una postura que considera al cuerpo como una construcción social a la que se le imprimen ciertos significados. “Deberíamos repensar qué es lo que se nos ha presentado históricamente como natural”, reflexiona Nemesia Hijós, antropóloga social e investigadora en cuestiones de género y deporte. “El mundo deportivo se encuentra acorralado por una realidad imposible de esconder, que expone la diversidad y contempla identidades fuera de las categorías fijas o estancas, y tiene que dar respuesta”, dice.



De a poco, esas respuestas empiezan a aparecer. En los Juegos Olímpicos de Tokio se duplicarán las disciplinas mixtas respecto a Río, para llegar a un total de 18. Entre las novedades habrá postas combinadas de atletismo y natación, judo en equipos y BMX Freestyle. Además, se sustituirán algunas pruebas masculinas por femeninas en boxeo, piragüismo y tiro. “Estamos dando un paso importante hacia la paridad entre hombres y mujeres con un programa que marca también nuestro acercamiento hacia deportes jóvenes y urbanos”, manifestó Kit McDonnell, director de deportes del COI, durante el anuncio.
 
Para Hijós, la salida en nuestro país tiene que ser política: “Argentina cuenta con la Ley de Identidad de Género, una herramienta que debería ayudar a traccionar con más fuerza estos cambios. Las instituciones deportivas se muestran incapaces de poner en práctica esta ley porque siguen reproduciendo hacia su interior, incluso en el Estado, una división que no contempla el reconocimiento de la identidad de género y de la autopercepción”.
 
Hablar de igualdad de género es plantear un escenario posible en el que todas las personas puedan ejercer sus derechos con igualdad de oportunidades. Y en ese sentido, la organización social en términos dicotómicos y excluyentes está siendo repensada en su conjunto. La práctica deportiva, en su rol de generadora de vínculos y mejor calidad de vida, no está exenta de esta revuelta de ideas. Bienvenido sea.

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