PADRE E HIJA, LA MISMA PASIÓN

Con el fútbol en la sangre: la historia de Cristian y Guillermina Cortese

20 de junio de 2020 - 17:37 hs  |  Por Luty Gargini

Comparten familia, talento y camiseta. Ambos juegan en el club Sportivo Belgrano de San Francisco, Córdoba. Ella como volante en el equipo femenino y él - ya retirado y con algunos títulos bajo el brazo- como defensor central en el plantel de veteranos. Una charla para seguir derribando mitos.
Foto: La Voz Deportiva (Córdoba)

Foto: La Voz Deportiva (Córdoba)

“El fútbol me gusta desde que tengo memoria. Mis recuerdos de chica son con una pelota y camisetas de fútbol”. La que habla es Guillermina Cortese, 18 años, volante de Sportivo Belgrano de San Francisco, Córdoba. Su apellido es conocido en el club: su papá Cristian es un símbolo de la institución, fue campeón de la Liga Cordobesa en los 90', de la Liga Regional en 2000 y ahora, ya retirado, integra el equipo de veteranos.

Tirando paredes para derribar los prejuicios que existen, padre e hija comparten la misma vocación. A veces, para los hijos e hijas, seguir el mismo rumbo de vida que sus padres o madres es un deseo real. Sin embargo, hasta hace no tanto, el camino del fútbol estaba reservado sólo para los hijos varones. Y Guillermina tuvo que optar por otras alternativas antes de poder patear una pelota como lo hacía su papá.

Su primer acercamiento al deporte fue a través de una disciplina mucho más accesible para las mujeres en nuestra sociedad: “Comencé a jugar al hockey en Antártida Argentina, porque en mi ciudad no había clubes que tuvieran fútbol femenino”, cuenta. Tuvo que esperar hasta los 12 años para acercarse a su verdadera pasión: “En 2014, Sportivo Belgrano inauguró una escuelita femenina. Apenas abrió, dejé hockey y empecé ahí”.

Actualmente son más de 40 mujeres las que juegan al fútbol en el club de barrio Alberione. Según explica Leandro Gottardi, periodista e historiador de la institución cordobesa, el proyecto del femenino surgió para conformar una Primera División, pero luego mutó y hoy en día apunta a la formación. De esa manera, desde los 5 hasta los 10 años las niñas juegan fútbol mixto, desde los 11 a los 14 integran la categoría infantil y desde los 14 a los 18-20 conforman la Juvenil/Primera. En ese primer equipo está Guillermina.

 

En la casa de los Cortese la pelota siempre fue cosa de todos los días, pero el papá de la mediocampista reconoce que “era medio raro al principio porque recién se empezaban a dar los primeros pasos en una ciudad en la que nunca se había hablado de fútbol femenino”. Sin embargo, Cristian apoyó desde un primer momento la elección de su hija: “Yo siempre jugué al fútbol, así que cuando empecé a verla, llevándola a las prácticas, acompañándola a los partidos, no tuve prejuicios en lo más mínimo”.

Puede parecer algo normal, pero lo cierto es que la historia de esta familia es una excepción. Todavía, los prejuicios, la discriminación y las dudas que deben enfrentar las mujeres que quieren dedicarse al fútbol siguen siendo moneda corriente. Guillermina confiesa que conoce muchas chicas que no juegan por miedo al qué dirán, porque a sus padres no les gusta que lo practiquen o porque no tienen espacio donde hacerlo: “Hay muchas niñas a las que les encantaría hacerlo, pero los clubes no se lo permiten o las mezclan con varones, y eso hace que terminen abandonando”.

Para la volante, y más allá de que su familia siempre la apoyó, el rol de los padres y madres es clave para las mujeres que quieren dedicarse al fútbol: “Es importante que desde su lugar respeten y valoren los deseos de los chicos y las chicas”, dice.

Y Cristian, desde su lugar de padre de una futbolista, hace su parte para derribar los preconceptos: “Hablo con amigos que tienen hijas y me preguntan sobre el tema. Yo les digo que es exactamente igual que para los chicos, que no hay ninguna diferencia”. Y su mirada es optimista: para el defensor, los prejuicios se van a ir solucionando a medida que pase el tiempo y que más mujeres se acerquen a los clubes a jugar al fútbol.

 

Para que eso ocurra es fundamental la existencia de referentes, a quienes las niñas quieran imitar desde pequeñas. Y aunque Guillermina tiene ese modelo a seguir en su propia casa, también cuenta con una larga camada de jugadoras reconocidas a quienes idolatrar, algo que hasta hace pocos años era impensado. Su favorita es la brasileña Marta “porque pudo trascender, dentro y fuera del fútbol femenino, y además es una excelente jugadora".                                                                                                                                        
Esta trascendencia fuera de la cancha que menciona Guillermina refiere a las luchas de las deportistas mujeres a lo largo de la historia. La pelea por la profesionalización del fútbol femenino en Argentina, por ejemplo, se está convirtiendo en una herramienta para cambiar mentalidades en todos los ámbitos de la sociedad, incluso dentro de muchos hogares. Y la familia Cortese acompaña ese proceso.

Para Cristian, la clave está en que puedan comenzar a formarse a edades más tempranas, porque ahí es donde se sientan las bases y se dan los grandes cambios. Guillermina coincide con su papá y va un poco más allá: “Me parece excelente la profesionalización, pero no hay que concentrarse sólo en el dinero. Hay que generar igualdad con los hombres. Casi todos los clubes de AFA tienen fútbol masculino desde infantiles y eso no pasa con las mujeres. Si una chica comienza a jugar desde pequeña, su evolución va a ser muy buena y casi no va a haber diferencias con los hombres. Pero si comienza a jugar a los 15 años y un varón a los 4, la diferencia va a ser abismal y el resultado final va a ser otro”.

El lema del equipo femenino de Sportivo Belgrano para motivarse, según cuentan las propias jugadoras, es "El que no arriesga no gana". La familia Cortese se hace eco de ese mensaje y aporta su mirada para que ninguna otra chica sienta que se está arriesgando cuando decide que quiere patear una pelota. Guillermina lo resume en una sola frase, que también es consejo para todas las que comparten su misma pasión: “No le tengan miedo al qué dirán. Si son felices jugando al fútbol, lo de afuera no importa”.

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